Las armas de fuego en Seguridad Privada

Ya hemos comentado en anteriores artículos la importancia del papel que desempeña la seguridad privada en la sociedad actual, máxime con la escasez de recursos de la seguridad pública.

Nuestro país, a pesar de que existen otros como Gran Bretaña mucho más restrictivo con el uso de las armas de fuego, también es genéricamente poco favorable en su legislación a la tenencia y uso de las mismas.

Desde el año 1.992, cuando se regula por primera vez con rango de ley la seguridad privada en España, no todo el personal operativo presta servicio armado. Tal situación sigue vigente en la actualidad en la Ley 5/2014, de seguridad privada. En la misma, prestan servicio armado los Guardas Rurales (siendo su arma reglamentaria el arma larga rayada de repetición del calibre 6,35, 7,65, 9mm corto, 9 mm parabellum , 9 mm largo, 22 LR, 22 Magnum, 38 especial o 357 magnum), los escoltas privados (que tienen por reglamentaria la pistola semiautomática de 9 mm) y los vigilantes de seguridad en determinados servicios (cuyas armas reglamentarias son el revólver calibre 38 de 4 pulgadas y la escopeta de repetición del calibre 12/70, con cartuchos de 12 postas). En los servicios en buques pueden portar armas de guerra y, todos ellos, podrán utilizar otros modelos previa autorización. La Licencia exigible conforme al Reglamento de Armas será la Tipo C, y deberán pasar periódicamente pruebas de tiro.

Al colectivo de vigilantes de seguridad queremos referirnos especialmente, por ser el colectivo más numeroso que presta servicio y el que se encuentra en las zonas e instalaciones más proclives a sufrir delitos graves y atentados terroristas.

Varios son los problemas que se plantean sobre el uso de las armas de fuego en la seguridad privada.

Hasta el año 1992 los antiguos Vigilantes Jurados prestaban el servicio armados siempre y tenían la consideración de agentes de la autoridad en el ejercicio de sus funciones. Con la Ley de ese mismo año, la figura se transforma en los actuales vigilantes de seguridad, los cuales pueden prestar servicio con arma o sin arma y no tienen la consideración de agentes de la autoridad.

No deja de ser este un hecho significativo lo de prestar servicios de seguridad sin armas, puesto que la peligrosidad siempre está latente. ¿Por qué no existen policías sin arma? Los policías locales de mi pueblo se dedican exclusivamente a realizar funciones de policía administrativa, pero llevan arma…

En la actualidad decíamos que la prestación de un servicio con arma aparece en la Ley de la siguiente forma:

“Artículo 40. Servicios con armas de fuego.

  1. Los siguientes servicios de seguridad privada se prestarán con armas de fuego en los términos que reglamentariamente se determinen:
  2. a) Los de vigilancia y protección del almacenamiento, recuento, clasificación y transporte de dinero, valores y objetos valiosos.
  3. b) Los de vigilancia y protección de fábricas y depósitos o transporte de armas, cartuchería metálica y explosivos.
  4. c) Los de vigilancia y protección en buques mercantes y buques pesqueros que naveguen bajo bandera española en aguas en las que exista grave riesgo para la seguridad de las personas o de los bienes.
  5. d) Cuando por sus características y circunstancias lo requieran, los de vigilancia y protección perimetral en centros penitenciarios, centros de internamiento de extranjeros, establecimientos militares u otros edificios o instalaciones de organismos públicos, incluidas las infraestructuras críticas.
  6. Reglamentariamente se determinarán aquellos supuestos en los que, valoradas circunstancias tales como localización, valor de los objetos a proteger, concentración del riesgo, peligrosidad, nocturnidad, zonas rústicas o cinegéticas, u otras de análoga significación, podrá autorizarse la prestación de los servicios de seguridad privada portando armas de fuego.

Asimismo, podrá autorizarse la prestación de los servicios de verificación personal de alarmas portando armas de fuego, cuando sea necesario para garantizar la seguridad del personal que los presta, atendiendo a la naturaleza de dicho servicio, al objeto de la protección o a otras circunstancias que incidan en aquélla.

  1. El personal de seguridad privada sólo podrá portar el arma de fuego cuando esté de servicio, y podrá acceder con ella al lugar donde se desarrolle éste, salvo que legalmente se establezca lo contrario. Reglamentariamente podrán establecerse excepciones para supuestos determinados.
  2. Las armas de fuego adecuadas para realizar cada tipo de servicio serán las que reglamentariamente se establezcan”.

Por tanto, digamos que se prestarán los servicios armados por dos vías:

  • En servicios específicos recogidos en los apartados a), b), c) y d)
  • En otros cuando concurran circunstancias especiales, que todas ellas son reconducibles a un aspecto que es básicamente el de la peligrosidad.

Volvemos a toparnos aquí otra vez con el mismo problema: ¿cuándo existe el peligro?; el riesgo siempre está latente…

Respecto a los servicios se comenta que en no todos ellos se ha de portar armas, además de por el bajo riesgo, porque puede ser peligroso en caso de uso para los ciudadanos y que la preparación del personal de seguridad privada actual hace que, a muchos de ellos, no se les deba dejar un arma en las manos. Yo discrepo al respecto y lo argumentaré.

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Me parece gracioso escuchar que en lugares de grandes concentraciones de personas, como centros comerciales, etc., el personal de seguridad no debe portar armas por el peligro que puede entrañar su uso para los ciudadanos. ¿Acaso los agentes de seguridad pública dejan sus armas cuando acuden a este tipo de recintos? ¿No lleva armas la seguridad pública en recintos pequeños atestados de gente como los juzgados? ¿No la llevan en los estadios de fútbol? Quizás deberíamos pedir a los terroristas que no hagan uso de armas de fuego en estas ubicaciones, puesto que intercambiar disparos con ellos podrá resultar peligroso para los ciudadanos…

Tampoco es de recibo decir que por la baja cualificación o niveles mentales del personal operativo no se deben prestar los servicios armados; la necesidad de prestar un servicio de seguridad con armas no debe decidirse en base a esto, sino en base a su necesidad. Cuando existe una regulación al respecto en la que se evalúa como requisito de acceso a la profesión la aptitud psicofísica de los aspirantes y unas pruebas para la obtención de la licencia, que deben ser validadas periódicamente no podemos aludir a esto.

Tenemos un problema y algo ha fallado si estas personas han superado las pruebas de acceso a la profesión y a la obtención de la licencia y careciesen de la aptitud; mucha gente piensa, cuando ve al personal operativo en algunos de los servicios, que es una suerte que la persona que está viendo no lleve un arma a la cintura…

Generalmente, las empresas de seguridad al contratar a sus empleados tampoco realizan pruebas de este tipo; y no tendrían por qué hacerlas, puesto que la administración ya ha certificado que son profesionales válidos otorgándoles una acreditación; a no ser que sean conscientes de la realidad y quieran aportar un plus de calidad con su personal a los clientes, algo que desgraciadamente le da igual a casi todo el mundo en este sector.

Al final, la mayor parte de los servicios se prestan sin arma y, como un vigilante de seguridad no es agente de la autoridad, desde el punto de vista práctico no se diferencia mucho de otro personal que, sin habilitación, también lleva un uniforme y, salvo en los casos en que se manejan sistemas de seguridad (si es que se respeta la ley) básicamente hacen lo mismo, que es avisar a las Fuerzas de Seguridad. No olvidemos que un vigilante sin arma siempre es más barato: el low cost de la seguridad.

Otro problema es si las armas reglamentarias son las más adecuadas. Recuerdo la polémica que se suscitó respecto a los servicios de transporte de fondos cuando el anterior Comisario Jefe de la Unidad Central de Seguridad Privada recalcó que la escopeta no debía salir del blindado, siendo corregido por la Secretaría General Técnica del Ministerio del Interior preguntándole, poco menos, que en qué parte de la normativa se decía eso; el argumento posterior del Comisario fue que en gran parte de los lugares donde se realizan las operaciones de los servicios de transporte de fondos (centros comerciales, etc.) el uso de la escopeta podría representar un gran peligro para los ciudadanos por el tipo de munición, no resultando un arma adecuada. Si se establece como reglamentaria un arma, que resulta no ser la más adecuada para la prestación de los servicios, tenemos otro problema. Y grave. Como suele decirse, alguien debería “hacérselo mirar”…

En los momentos de amenaza terrorista que vivimos, con un nivel 4 en el Plan de Prevención y Protección anti terrorista, muchas son las voces de vigilantes que se alzan pidiendo prestar servicios armados y con armas más adecuadas a la amenaza. Creo que, igual que he expresado mi convencimiento de que todos los servicios deberían prestarse con arma (o al menos bastantes de ellos), soy partidario de que el arma sea adecuado al servicio; no comparto la opinión de algunos de dotarse de armas de guerra para los servicios genéricamente, fundamentalmente porque prestar servicio con un fusil de asalto en las escaleras mecánicas de El Corte Inglés no parece muy operativo; que me corrijan los expertos en armamento.

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Sin embargo es verdad que se sigue prestando servicio de forma mayoritaria en ubicaciones como estaciones de tren con una defensa de goma por todo arsenal. Como se sigue prestando servicio en centrales nucleares con un revólver del 38 para hacer frente al asalto de un comando yihadista que con su AK 47 hace blanco a 200 metros sin problema; sinceramente, da qué pensar.

En cuanto a la capacitación que se exige al personal en las pruebas periódicas, que para los vigilantes son cada 6 meses, tampoco parecen adecuadas ni ajustadas a la realidad de la mayoría de enfrentamientos armados.

Desde que la normativa distingue entre servicios con arma y sin ella, prestar servicio armado se ha convertido en una obsesión para los vigilantes. Desgraciadamente la mayoría de ellos lo único que tienen en la cabeza es el plus económico que conlleva, cuando quizás deberían pensar que llevar un arma implica  varias cosas, entre ellas la necesidad de usarla. Además de la problemática que mencionábamos sobre la técnica (conocer el manejo del arma), se añade el aspecto psicológico, aspecto este muy difícil de entrenar. El personal de seguridad, público o privado, debe decidir a veces en décimas de segundo, sobre si hacer uso del arma o no; también son frecuentes situaciones psicológicas de bloqueo, y no todo el mundo que técnica y tácticamente es bueno en el uso de las armas está psicológicamente preparado para asumir que va a terminar con la vida de alguien, porque además las situaciones son muy variadas; puede que quien esgrime un arma frente a ti sea un terrorista con ánimo de causar la mayor letalidad, pero puede también que sea un individuo ebrio con su escopeta de caza que viene a buscar a una trabajadora del lugar donde prestas servicio en un caso de violencia de género; individuo al que por cierto conoces, pues vive en el pueblo de al lado, y lleva a sus hijas, a las que vas a dejar huérfanas, en el mismo colegio donde tú dejas a la tuya cada mañana; ello si no les lleva a pensar en las posibles consecuencias legales de sus actuación, algo también bastante habitual y que frecuentemente retrae a los agentes en el uso de sus armas reglamentarias, incluso en caso de necesidad.

Otro aspecto a señalar sería el del mantenimiento de las armas. Ya no existe la asignación de arma por vigilante y el adecuado mantenimiento de las armas deja mucho que desear.

Después de todo lo comentado, la situación para los vigilantes de seguridad no es muy alentadora. La Ley de Seguridad Privada del año 92 estuvo vigente casi un cuarto de siglo; si la de 2014 aguanta lo mismo, muchos de nosotros no veremos en nuestra vida ningún cambio al respecto, puesto que el futuro Reglamento que desarrolle la Ley, no parece alterar significativamente esta problemática; medio siglo pesa demasiado como para tener una seguridad privada de mentirijillas.

Publicado por:

nacho-olmos


Las armas de fuego en Seguridad Privada(c)
Jose Ignacio Olmos

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9 thoughts on “Las armas de fuego en Seguridad Privada

  1. Diego Cerrajero dice:

    Yo, personalmente pienso que debería haber más servicios armados. Pero con matices.
    Un VS solitario y armado puede ser asaltado y privado de su arma sin posibilidad de usarla.
    Es cierto que hay VS con deficiencias manifiestas formativas y sin voluntad para remediarlo, normalmente antiguos.
    A mi me parece bien el revolver por facilidad de manejo, (no se monta, difícil encasquillamiento).
    La escopeta es práctica.
    Quizás debiera haber mayor variedad…..
    Solo es mi opinión, de un tema que no domino mucho.

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  2. Pedro Jorge dice:

    Me ha gustado mucho tu artículo, personalmente, creo que el acogotamiento del sector, ha llevado a que los Vigilantes sean meros informadores y que cuando se enfrentan a algo, sea más por voluntad que por preparación y respaldo, todos los estamentos pueden sancionar, regular u opinar sobre el mejor devenir de la profesión, pero “pasan” del intrusismo y no permiten que se desarrollen los pocos intentos serios que hay de “especializar” la profesión, un Vigilante cómo comentas, tiene una titulación y una preparación, si no es la adecuada, vamos a solucionarlo, no a dejar la escopeta en el vehículo blindado.

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  3. ricardo peralta dice:

    Estoy de acuerdo con tu articulo, entiendo que el tema obviamente da para mucho más, noto también que se presentan estos temas en otros piases, en donde las leyes en especial las de Seguridad Privada, están fuera del tiempo en el que vivimos, como así también las de Seguridad Publica, Por ejemplo tu mencionas que en concentraciones de personas o centros comerciales lo de Seguridad Privada no pueden ´portar sus armas por el peligro que puede entrañar, y si, que pasa con el de Seguridad Publica en estos casos y lugares, este personal mucho deja que desear, en varios casos, y puedo decir la mayoría, este personal carece de la instrucción necesaria para el uso del arma y de comportamiento psicológico para un posible accionar de la misma. Ni hablar del mantenimiento de la misma, ni de las municiones, carecen de instrucción general, más que de las de Seguridad Privada, pero es como todo, hay empresas que dedican mucho a la capacitación de su personal, otras menos, y están las otras, con la de Seguridad Pública pasa lo mismo, con el tremendo agravante que para nada debería ser así, por que estamos hablando de la Seguridad Pública, pero es lo que está pasando y lo veo en varios países. Y también es de notar, en muchos lados, dejan de tratar el tema de la seguridad para lo ultimo, están siempre parchando las leyes de Seguridad Privada y Publica. Vuelvo a repetir, no en todos lados es igual, pero en algunos países, es vergonzoso y lamentable.
    Saludos.-
    Ricardo de Argentina

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