Abuso sexual infantil. ¿Madres cómplices?

Cualquier NNyA puede ser víctima de abuso sexual, independientemente de su edad, género, etnia y nivel sociocultural. A diferencia del maltrato físico y la negligencia, en los que el agresor es típicamente una figura parental, el agresor de un abuso sexual contra los NNyA puede ser cualquier persona.

Desde un punto de vista estadístico, una parte importante de los abusos es de tipo incestuosa, ejercida por familiares y conocidos del NNyA y favorecida por la convivencia o cercanía.

Es central tener presente que los NNyA siempre son víctimas frente al agresor[1].

Hace unos meses atrás conocimos la triste noticia de la muerte de Felipe, un niño uruguayo de diez años que fue violado y asesinado por Fernando Sierra, su entrenador de Baby futbol.

La particular característica de ésta historia es que no existía relación de pareja entre la madre del niño y el agresor, si bien Sierra y Felipe se comportaban socialmente como padre e hijo -Felipe les decía a todos que su entrenador era su padre y éste a su vez presentaba al niño como su hijo- la realidad es que ellos no compartían vínculo consanguíneo ni de ningún otro tipo más que el de alumno y entrenador. La madre había permitido esa relación ya que consideraba que Felipe veía la figura paterna que le hacía falta en Fernando Sierra, tanto así que habían pactado una especie de régimen de visitas, por lo que Sierra pasaba semanas con el pequeño y hasta lo llevaba a Brasil a vacacionar sin la presencia de la mamá.

La psicóloga del niño, tras observar conductas extrañas, recomendó a su madre que restringiera las visitas y contacto con el entrenador. Cuando se le comunicó esto a Sierra, el mismo tomó la decisión de secuestrar a Felipe, pasó a buscarlo por el colegio y luego de abusarlo sexualmente, asesinó al pequeño y se suicidó. Ambos fueron encontrados, a pocos metros del lugar de secuestro,  muertos con un disparo en la cabeza.

Son muchos los rumores alrededor de la relación entre el niño con el entrenador y las permisiones y descuidos de Alexandra Pérez, madre de Felipe.

Lo cierto es que la Jueza Adriana Morosini confirmó que el niño fue abusado sexualmente, que el mismo sufrió abusos prolongados y no sólo el mismo día del secuestro, ya que presentaba lesiones recientes y de larga duración.

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Aquí no voy a hablar de cuestiones teóricas, ni de los conceptos de cómplice, encubridor o instigador, sino que quiero dar una opinión personal sobre casos reales de los que tengo conocimiento gracias a mi profesión –siempre preservando la identidad de los protagonistas- y de aquellos que conocemos por los medios de comunicación tal como el citado caso Felipe, en los que considero que el rol de las madres es crucial en cuanto a la protección de los pequeños.

En los comienzos de mi carrera como abogada, casi simultáneamente, recibí dos consultas sobre historias que presentaban muchas coincidencias entre sí, pero con desenlaces totalmente diferentes en una y otra.

Parecía de película que al mismo tiempo me llegaran dos casos que, en principio, estaban calcados, pero lo que más me impactó fue la respuesta que obtuvieron las protagonistas de parte de las personas que -se supone- son la figura de amor y protección más importante en la vida de todo niño, me refiero a las madres.

En ambos casos, las consultas fueron realizadas por señoritas de 19 años, ambas abusadas por el cónyuge de sus madres, una de ellas a los 11 años de edad (caso 1) y la otra a los 12 (caso 2). Como consecuencia de esos abusos, las dos niñas resultaron embarazadas, hasta aquí la similitud, veamos ahora las diferencias:

Caso 1: la víctima acude a su madre, le relata lo sucedido y ésta la rechaza, le dice que es su culpa por provocar a su padrastro y que eso le pasa “por p…”. Luego la madre intenta practicarle un aborto, el que no resulta y el niño nace.

La “solución” que encontró la madre de la víctima fue esperar al momento de que la niña fuera a dar a luz y anotarla en la internación con sus datos personales, es decir, como si la embarazada fuera la madre de la niña abusada, por lo que el recién nacido es anotado como hijo de quien en realidad es su abuela y, claro, reconocido por su padre biológico. La niña es expulsada de la casa -porque si seguía allí “sería una tentación para el marido de su madre”- sin derecho a llevarse consigo a su hijo.

Caso 2: La madre de la víctima, al enterarse de lo ocurrido a su hija, inmediatamente procede a denunciar a su pareja y éste es detenido, procesado y condenado. La niña es consolada por su madre que le dice que, aunque ella no deseaba ese embarazo, debían seguir adelante y que no se preocupara porque la apoyaría en todo y que criarían juntas a ese bebé.  Esta mamá lloró al lado de su hija, le pidió perdón por lo ocurrido y jamás la abandonó.

La reacción de la mamá del caso 1 es realmente indignante, pero real, y lamentablemente es más común de lo que imaginamos. La víctima se acercó a consultarme cómo podía recuperar a su hijo, pero al escuchar las consecuencias penales que sufriría su madre decidió desistir de toda acción en contra de la misma. A pesar de todo lo ocurrido, ella no quería sufriera teniendo que enfrentar a la justicia.

Cada vez que me entero de casos de abusos sexuales a niños y niñas no dejo de preguntarme –como muchas personas- cómo es posible que algunas madres no noten que sus hijos están siendo abusados, es que sabemos que desde afuera es fácil opinar y juzgar, pero existen innumerables posibilidades y realidades:

-Muchas veces no se percatan ya que es difícil para una persona que no ha tenido en su experiencia personal situaciones de éste tipo, pensar que su hijo pueda estar sufriendo abusos sexuales;

-En algunos casos no se presta suficiente atención a los cambios de actitud de los hijos, sobre todo en caso de madres ausentes;

 -O no quieren aceptar la realidad y prefieren mirar a otro lado;

-En ocasiones las madres son conscientes de lo que ocurre en su hogar, pero optan por el silencio ya que también son violentadas por sus parejas o pueden tener dependencia económica, emocional, o de otro tipo, por lo que no pueden ser capaces de proteger a sus hijos;

-Por último, como la historia del caso 1 que relaté, al enterarse no les importa el daño a sus niños, sino que priorizan la relación que mantienen con el agresor, la estabilidad y la subsistencia familiar.

En todas las hipótesis, a mi parecer, el error es pecar por omisión.

Soy consciente que tanto la madre de Felipe, como otras madres que pasaron por lo mismo, lo que menos necesitan es ser juzgadas por la sociedad, estoy segura de que se sienten culpables por lo ocurrido, por el sufrimiento de sus hijos y, en el peor de los casos, por su muerte.

No soy madre, no imagino lo difícil que puede ser cuidar de los niños, pero creo que hay cuestiones muy básicas y lógicas como el hecho de no dejar jamás a tu hijo a solas con un extraño, mucho menos permitirles salir del país durante días sin tu compañía.

Éste es un pensamiento común arraigado en un estereotipo de mujer-madre protectora, en la “leona” que es capaz de dar su vida por la protección de sus cachorros y la que no permitiría jamás que alguien dañara a sus hijos.

Pero la realidad es que existen mujeres de todo tipo, y madres de toda clase, como es lógico en el ser humano.

En todo caso, si las madres no son capaces de proteger a los niños, los demás familiares no debemos permanecer ajenos, podemos estar atentos y actuar si sospechamos algo.

Según el artículo 9 de la Ley 26.061, cualquier persona que sospeche o tome conocimiento de malos tratos o situaciones que atenten contra la integridad psíquica, física, sexual o moral de un niño, niña o adolescente, lo mismo que cualquier otra violación a sus derechos tiene la obligación de comunicarlo al organismo de protección[2].

Unicef lanzó en 2016 una guía de prevención que ayuda a detectar cuando un niño o niña está siendo abusado y también saber cuándo estamos en presencia de un agresor sexual, la cual me parece súper útil:

¿Cómo puedo saber si un niño está siendo o ha sido abusado sexualmente?

… Las manifestaciones adquieren diferentes expresiones súbitas o solapadas.

-Incremento de pesadillas y problemas para dormir.

-Conducta retraída.

-Estallidos de angustia.

-Ansiedad.

-Depresión.

-Rechazo a quedarse solos con una persona en particular.

-Conocimiento inapropiado para la edad acerca de la sexualidad, que se manifiesta mediante conductas y lenguaje sexualizados.

Los niños menores de tres años pueden presentar lesiones genitales y reacciones inespecíficas que, en un principio, parecen inexplicables: irritabilidad, rechazos, regresiones, llanto, trastornos del sueño y el apetito. En cualquiera de estos casos, no debería descartarse la sospecha antes de una cuidadosa evaluación por parte de profesionales especializados.

¿Cómo identificar a un agresor sexual?

No existe una manera de saber, a partir del tipo de personalidad o la conducta social, si una persona es o no un agresor sexual de NNyA. Pueden ser personas exitosas, médicos, psicólogos, abogados, docentes, líderes religiosos y juveniles como los guías estudiantiles que realizan viajes de egresados o los entrenadores deportivos.

Los agresores sexuales circulan disimulados en el entorno familiar y social. Las estadísticas indican que la mayoría de los abusadores son varones heterosexuales adaptados socialmente.

Suelen presentarse a sí mismos como personas afectuosas y humanitarias hacia el mundo exterior, mientras que la relación que establecen con el niño abusado sexualmente está basada en amenazas, control e intimidación.

Habitualmente, el agresor establece a lo largo del tiempo una relación con el niño destinada a evitar su resistencia y pactar el secreto con el que intentará no ser descubierto.

Este proceso de preparación de alguien para es una característica de los abusos sexuales contra NNyA. Además de buscar que el abuso ocurra y ocultarlo, crea el ambiente propicio para dar al agresor sexual protección frente al entorno social y la Justicia, incluso cuando el NNyA ya ha revelado el abuso.

Muchos NNyA viven en condiciones de pobreza, sin contar con acceso a una educación de calidad ni figuras parentales que los protejan de manera adecuada. La vulnerabilidad de estos niños y niñas se acrecienta con la presencia de agresores sexuales que intentan aprovecharse de estas situaciones.

Es importante mantener los ojos abiertos, estar siempre alertas, cuidar de nuestros sobrinos, hermanitos, alumnos, de nuestros hijos y de los hijos de nuestros amigos.

Somos los que debemos protegerlos, no dañarlos.

Una vez ocurridas las cosas, con el niño ya abusado, de nada sirve empezar a juzgar y buscar cómplices. Mejor es prevenir.

Publicado por:

mily

Abuso sexual infantil. ¿Madres cómplices? – (c) – Milagro Nuñez

Bibliografía:

[1] Abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes: Una guía para tomar acciones y proteger sus derechos. Fondo de las Naciones Unidas para la infancia (UNICEF), noviembre 2016.

[2] Abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes: Una guía para tomar acciones y proteger sus derechos. Fondo de las Naciones Unidas para la infancia (UNICEF), noviembre 2016.

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