El sinsentido con el humor

En el último año se ha ido produciendo una retahíla de debates sobre los límites del sentido del humor a raíz de la imputación y condena por tuits y chistes sobre figuras franquistas, relacionadas con el atentado contra Carrero Blanco y sobre la cruz de el Valle de los Caídos. La proliferación de este tipo de acciones judiciales propician también un debate sobre los límites de la libertad de expresión y, por consiguiente, sobre la política criminal del Estado en cuanto a la actuación ante estos casos y no de otros similares, como en los tuits vejatorios a las víctimas del accidente de Germanwings por ser catalanas o al vecino de Bilbao que fue herido en el atropello del mercadillo de Navidad de Berlín en un atentado las palabras navidades, por el hecho de tener ideas  abertzales.

Cierto es que estos debates entrañan una infinidad de claros y oscuros que, dependiendo de la posición en la que los veamos, se pueden apreciar unos u otros matices. No es baladí decir que todos estos casos tienen una gran base política en cuanto se fundamentan en ideas de organización territorial, opinión y moralidad. Pero éste artículo no va a entrar a valorar tales vertientes, sino que va a entrar a valorar la peligrosidad del uso del derecho penal para solucionar disputas verbales entre privados que, aunque se hagan públicas mediante las plataformas de la información tales como redes sociales o programas de televisión, el ámbito publico no ha de entrometerse a mi modo de entender.

Para ilustrar esto me gustaría hacer referencia al primer párrafo de la introducción del libro La expansión del Derecho Penal de Silva Sánchez (2001), parafraseando a Carl Ludwig von Bar, que dice así: “Allí donde llueven leyes penales continuamente, donde entre el público a la menor ocasión se eleva un clamor general de que las cosas se remedien con nuevas leyes penales o agravando las existentes, ahí no se viven los mejores tiempos para la libertad- pues toda ley penal es una sensible intromisión en la libertad, cuyas consecuencias serán perceptibles también para los que la han exigido de modo más ruidoso-, allí puede pensarse en la frase de Tácito: Pésima respublica, plurimae leges”.

En relación a los casos de denuncia y condena por chistes, han aparecido dos casos mediáticos como el de Cassandra Vera, condenada a un año de prisión por hacer chistes sobre el atentado de ETA contra Carrero Blanco en 1973, y también la denuncia a Dani Mateo y a El Gran Wyoming por hacer un chiste sobre la cruz de El Valle de los Caídos. Estos casos han puesto aún más sobre la mesa en debate antes mencionado de los límites del humor. Para definir lo que es el humor dentro de los términos que estamos hablando, según la RAE en su excepción 5, debemos ir a la palabra humorismo cuya definición es:
1.
m. Modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas.

2. m. Actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios.

3. m. desus. humoralismo.

tuits Cassandra hoy.es
Tuits de Cassandra sobre Carrero Blanco. Fuente: hoy.es
dani mateo
Fuente: Rac1

Pero como todos sabemos, la realidad se puede presentar de distintas formas incluso cuando se busca la diversión del respetable, y estos chistes han sido calificados de ofensivos. Dentro del humor existe una vertiente calificada de humor negro que la RAE define así:
1.
m. Humorismo que se ejerce a propósito de cosas que suscitarían, contempladas desde otra   perspectiva, piedad, terror, lástima o emociones parecidas.   

Ergo, estos tuits y chistes los podríamos catalogar dentro de esta categoría, ya que parece que han suscitado piedad o terror desde la perspectiva contraria desde la cual fueron hechos. Por lo tanto, ¿es consecuente considerar un chiste como enaltecimiento al terrorismo o como delito de odio? Esto podría suponer un antecedente o sentar jurisprudencia para delimitar el sentido del humor. Puede parecer un disparate o un anuncio demasiado apocalíptico, pero viendo que unos tuits de humor negro tienen más pena que los autores materiales del atentado -amnistiados en 1977- y son considerados enaltecimiento al terrorismo, no es descabellado pensar en el uso de la legislación vigente mediante sentencias de este tipo para elaborar para crear un clima de miedo a la hora de expresarse libremente sin necesidad de elaborar ninguna normativa controvertida que pueda dar pie a una expresa vorágine reaccionaria plasmada en otro nuevo texto penal dentro de la teoría del Derecho Penal del Enemigo de Gunter Jackobs.

El humor es un ente que no puede ser patrimonio de la justicia, pues emana de la libertad  de expresión que permite que haya diferentes tipos de éste y que la realidad pueda ser satirizada de maneras distintas. Sólo el público o la ciudadanía puede decidir qué es grato o no en el sentido del humor a la hora de aplaudir o abuchear a quien hace pública una sátira. Nada más hay que fijarse que pocos años después del atentado a Carrero Blanco, en 1984 Tip Y Coll hacían un chiste sobre ello en su obra TipyCollorgía.

tipycollorgia eldescodificador.com
Fuente: eldescodificador.com

Es paradójico que hace 33 años se pudiera hacer ese tipo de chistes sin condena alguna, cuando  el recuerdo de todo el régimen anterior estaba aún bastante caliente. Así que no caigamos en el error de transformar al humorista en terrorista porque nos estaremos cosiendo la boca para expresar lo que sentimos y pensamos.

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sin-titulo


El sinsentido con el humor – (c) – Javier Andrés Caballero

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