La situación de las mujeres en prisión. Testimonio de una mujer que cumplió condena en un Centro Penitenciario Nacional. – 2ª parte

Como os adelantábamos en el artículo anterior, continuamos con la entrevista y espero que os guste.

Serie Vis a Vis
Imagen de la serie española ‘Vis a Vis’

C: ¿Cuáles son los principales inconvenientes que se puede encontrar una persona al entrar en prisión, en cuanto a utensilios de la vida cotidiana?

E: Cuando entras en prisión no tienes los productos de higiene a los que estás habituada, ya que no te dejan entrar nada. Yo durante los tres primeros meses use el gel lubricante del lote mensual como crema facial. Si dispones de peculio puedes comprar a través de “demandero”, que se realiza con una gran superficie comercial. Tu entregas tu pedido al funcionario y desde el centro hacen la compra al gran almacén, descontando de tu cuenta de peculio el coste. Es un proceso que puede durar dos meses, por lo que debes ser muy previsora.  Con el paso del tiempo conseguimos, a base de pedirlo, que en el economato del módulo hubiera determinados productos (como crema depilar, tampones, maquillaje, cremas varias, y productos que no había porque básicamente el almacén compraba pensando en los hombres).

No poder tener unas tijera para cortarse las uñas de los pies, por ejemplo. O cubiertos normales (los que se usan son de plástico) con un cuchillo que no se parta a los dos días de usarlo. Yo no me rasuro el pelo de las piernas por lo que, ante la imposibilidad de tener una depiladora eléctrica y si el demandadero tardaba más de lo esperado y no tenía bandas de depilar, mostraba unos pelos cual Macario (risas).

En el lote que te dan mensualmente, hay una botella de gel-champú, una botella de lejía, seis rollos de papel higiénico, dos paquetes de compresas, cubiertos de plástico, un bote de pasta de dientes, pero no cepillo; también dos preservativos y 2 paquetitos de lubricante. Con este lote has de pasar el mes. Si necesitas algún producto más, lo has de comprar. El papel higiénico del lote es muy escaso, ya que lo usas para todo (como servilleta al comer, como pañuelo, en el baño, etc.). Si tienes dinero puedes comprar en el economato pero sino no (y hay mucha gente que no tiene) has de vivir con lo que te dan. No es fácil. Pero una vez te acostumbras a vivir a penas sin nada, es una gozada. O yo lo valoro mucho ahora. No necesito la mitad de cosas que antes de vivir la prisión.

C: ¿El ambiente en el módulo de mujeres es un ambiente seguro?

E: La percepción que tienes va cambiando con el tiempo. El ambiente que se percibe no es inseguro, pero tampoco es del todo seguro. Hay una serie de normas no escritas: no te chives, no hables de según qué, o según quien, no te hagas con según quien… Cuando llegas te parece un ambiente muy violento, porque no estas habituada a eso, al final te acostumbras. El vocabulario es terriblemente soez y todo te parece violento, cuando vi la primera pelea casi me desmayo, pero con el tiempo aprendes a no mirar si hay algún lío, y a pasar para que a nadie se le ocurra involucrarte. Ya casi al final de mi estancia, estaba sentada en “mi silla”, en “mi mesa” (la cárcel es muy territorial) y vi que una chicha la soltaba un sopapo a otra, así, plasss, y mi única reacción fue pensar “vaya torta le acaba de dar” porque ya era normal para mí.

Pero me preguntabas por si el módulo es seguro. Yo siempre me sentí segura respecto a las presas. Dejaba mi bolsa sobre la mesa y nunca nadie me quito nada. Si tu no molestas no te molestan… por supuesto que hay problemas, peleas y gritos entre algunas presas, la droga crea problemas donde no los hay…

C: ¿Todas estas situaciones te han cambiado a ti, tu vocabulario o tu forma de ver las cosas?

E: ¡Si! Mi vocabulario ha cambiado mucho, ahora intento arreglarlo, he incorporando un montón de expresiones que ni conocía antes, y demasiados tacos. La cárcel te cambia. Yo creo que cada uno vive su cárcel, aún estando en la misma. Porque todos vivimos las cosas de distinta manera, nuestras circunstancias y experiencias son diferentes y eso marca nuestra manera de percibir el entorno.

Yo descubrí una realidad que desconocía por completo. Y que, contrariamente a lo que uno pueda pensar, la cárcel está llena de buena gente, con mala suerte y poco dinero.

Me llevo muy buenas experiencias con las internas, me he llevado mucho cariño, y maneras diferentes de ver el mundo. Me llevo también la impotencia de no poder ayudarlas a todas, de no saber cómo actuar en muchas ocasiones por las circunstancias en las que vive esa persona (como las adicciones). Hay personas con las que no puedo mantener contacto, por precaución y por lo peligroso de su entorno, pero que han sido personas maravillosas conmigo y de las que he aprendido mucho y me encantaría que formarán parte de mi vida.

Mi forma de ver el mundo ha cambiado mucho. Y es difícil cuando sales armonizar quien eres con quien eras. Los que te esperan fuera esperan a la persona que entró, pero tu ya no eres esa persona. Y necesitas tiempo para reconocerte y aceptarte y para que los demás acepten y respeten esos cambios. No es fácil.

Además, llevas a cuestas todo lo que has visto y vivido dentro de prisión, el saber que no se trata a las personas presas como se debería según marcan las normas publicadas.

En prisión yo aprendí “que las cosas importantes… son las que están detrás de la piel. Y todo lo demás empieza donde acaban mis pies” como cantan Fito & Fitipaldis. Vamos, que cuando consigues que lo malo no traspase tu piel, no te afecte, es cuando te mantienes firme y ya te pueden dar…

C: ¿Además, consideras que los tratamientos orientados a la reinserción que se llevan a cabo en prisión están adaptados para las mujeres? ¿Se adaptan a las necesidades de las internas?

E: ¡¿Qué tratamientos?! (entre risas),  como te he comentado antes  no hay tratamientos, si que hay un papel que dice “programa individual de tratamiento”, pero únicamente indica las actividades que haces: clase de baile, curso tal o cual, polideportivo… pero realmente ni te prepara, ni te mejora, ni te reconduce…¡nada!.  Las actividades parecen más destinadas a “matar” el tiempo pero no a un progreso ni personal ni profesional.

Se nos devuelve a la sociedad en peores condiciones que las que entramos, más enfermos, más pobres, menos seguros, con menos amigos y oportunidades… Para mí el sentido oculto de prisión es destruirte como persona, la estancia no lleva a otra cosa.

El tratamiento psicológico es inexistente, pero yo me pregunto: si no se puede atender, como se debe, de forma individualizada ¿por qué no hacen sesiones periódicas y grupos más o menos homogéneos, para tratar de ayudarnos? Cuando uno pregunta la respuesta es la misma: falta de recursos. Pero yo, aunque reconozco que existe esa falta de recursos, creo que se trata de una cuestión de voluntad. Como casi todo, es cuestión de voluntad, creatividad, ilusión…

C: Por lo que has podido vivir, ¿crees que la condena que cumplen las mujeres se traslada también a su entorno, como hijos, padres y parejas que dependen de ellas?

E: Claro, en la mayoría de casos las mujeres son el pilar de la familia. El hecho de que una mujer entre en prisión significa una catástrofe en el hogar y además a la mujer se la penaliza más. Las mujeres sufren mucho por su entorno, y sobretodo sufren mucho por sus maridos, sus hijos, sus progenitores… sufren mucho más que los hombres.

Veo que también hay mucha dependencia emocional de los hombres. El concepto de que una mujer sin un hombre no es nadie es generalizado. Curiosamente hay en prisión un curso que se llama “Ser mujer” pero no hay ningún curso se que llame “ Ser hombre”. Creo que es una muestra más de la infantilización y discriminación de la mujer: las mujeres precisamos que se nos eduque en igualdad, los hombres no. ¿en serio?

C: ¿Qué medidas crees que serían necesarias para tratar de subsanar las carencias de prisión?

E: Sobre todo mirar que hay en el exterior, conocer la realidad de la demanda del mercado de trabajo y preparar y formar a los internos para la verdad que les espera cuando salgan. Formar a en el ámbito tecnológico, porque en prisión se perpetúa el analfabetismo digital.

Además, ser absolutamente escrupulosos con la ley y respetar a las personas. Y por supuesto, más adecuada preparación a las funciones que desarrollan de los empleados públicos de la institución penitencia y por supuesto, seguimiento y evaluación constante.

C: ¿Sacas algún aspecto positivo de tu paso por prisión?

E: La cárcel me ha cambiado mucho. Y sí, la experiencia me ha obligado a un proceso de crecimiento y superación personal a los que hubiera llegado, quiero pensar, pero mucho más avanzada la vida.

Patricia-Aridjis

Hasta aquí ha llegado la entrevista, espero que realmente os haya gustado y si queréis poneros en contacto conmigo para cualquier duda, dadle al apartado de ‘Contacta’.

Publicador por:

cristina

La situación de las mujeres en prisión. Testimonio de una mujer que cumplió condena en un Centro Penitenciario Nacional. – 2ª parte -(c) – Cristina Sanchez

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