La situación de las mujeres en prisión. Testimonio de una mujer que cumplió condena en un Centro Penitenciario Nacional – 1ª parte

mujeres_h1ZMnJY_bigActualmente, cerca de 4500 mujeres (7,5% de la población reclusa), según las estadísticas de Instituciones Penitenciarias, cumplen condena en los centros penitenciarios del territorio nacional. En España existen únicamente siete centros penitenciarios exclusivamente para mujeres por lo que la mayoría de ellas cumplen condena en centros penitenciarios mixtos, en los cuales se destina un único módulo, de los catorce que suelen tener los Centros Tipo, para albergarlas a todas. Este hecho se traduce en (Olmos, 2007), discriminación formal, hacinamiento, limitación del uso de las instalaciones y servicios e incumplimiento de la ley.

Con el objetivo de comprender cómo se vive esta situación desde las mismas entrañas de prisión, se ha traído el testimonio de una mujer que estuvo interna en un Centro Penitenciario Nacional. Una mujer, como todas las que viven la cárcel, que ha pasado por una de las experiencias más duras por las que puede pasar una persona: cumplir condena en prisión. Obviamente, su paso por prisión la ha cambiado, pero lejos de tumbarla la ha hecho más fuerte.

Me sorprende ver que cuando se emociona lo hace al recordar la cantidad de buenas personas que ha dejado allí dentro y no por la cantidad de momentos duros que ha tenido que vivir; son lágrimas agridulces, de alegría por haberse topado con personas fantásticas, y de impotencia por no poder cambiar la situación de todas.

Ha preferido mantener su identidad en el anonimato con el fin de evitar posibles represalias (en adelante se la identificará como Entrevistada), pero a día de hoy no duda que todo lo que ha vivido en prisión servirá para ayudar a las personas que están pasando y pasarán por su misma situación.

Cristina (C): La primera cuestión que me gustaría abordar, es ¿cómo es para una mujer vivir en prisión?

Entrevistada (E): Cuando entré en prisión pensaba que entraba en un lugar en el que únicamente vería limitada mi libertad, iba convencida de poder estudiar idiomas o alguna formación que me enriqueciera; pero la formación allí dentro es muy limitada. El sistema está mal pensado.

Una mujer que tiene hijos ¿es necesario que tenga ESO?¿ no es más necesario que sepa sobre nutrición, cuidados, salud, temas educacionales, habilidades sociales que le sirvan para encontrar trabajo, conocer cómo hacer las gestiones básicas con el banco, hipotecas, cómo funciona la administración…?

Se debería formar a la gente para poder vivir y trabajar, y que consecuentemente puedan tener una vida de acuerdo a la legalidad. En prisión las mujeres, además, tienen muchas menos opciones para trabajar que los hombres, y por tanto, menos opciones de aprender un oficio o profesión y/o adquirir experiencia. En prisión la mujer únicamente puede limpiar, es la propia administración la que mantiene un rol de género tradicional ya rancio.

Por el contrario, el hombre puede hacer de albañil, carpintero, herrero, pintor, estar en cocina… La mujer, únicamente, destinos de limpieza, de “chacha”. Tiempo atrás, había mujeres en cocina, pero una chica, trabajando en cocina, se quedó embarazada y a partir de entonces excluyeron a las mujeres de trabajar en esa zona.. Pero… es que para quedar embarazada (de manera natural) se necesita un hombre. La pregunta es ¿por qué no prohibieron la cocina para ellos y no para ellas? Es una muestra clara de machismo, al entender que el único responsable de un embarazo es la mujer ¿es ese el tipo de ciudadanos hombres que queremos? ¿irresponsables? ¿fomentando que la paternidad termina después del coito? Lo mismo sucede con la paternidad/maternidad, es una circunstancia en la que sólo se implica a la madre, al padre no. De nuevo la pregunta es ¿qué se está enseñando en prisión? ¿que los hijos son únicamente responsabilidad de la madre y que el padre ni está ni tiene porqué estar?

Lo primero que se le pregunta a una mujer cuando entra en prisión es si tiene hijos; y si los tiene muchas veces se inicia la intervención de servicios sociales para retirarle la custodia, temporal o definitiva. Es algo durísimo para una mujer: Por un lado se le quita lo que más quiere, a veces el único amor puro y verdadero que existe en su vida y por otra, se la marca, familiar y socialmente como madre incapaz y/o defectuosa.

Durante toda la condena, cual espada de Damocles, pende sobre su cabeza la posibilidad de que le retiren la custodia de sus hijos (si no lo han hecho al principio) si su comportamiento en prisión no es el adecuado o esperado. Eso desequilibra hasta a la más plantada.

Las mujeres están mucho peor en prisión que los hombres, sólo hay un módulo de mujeres. La ley establece que se ha de separar a los presos respecto a una serie de características (art. 16 y 7 a 10 de la LOGP) y a las mujeres no se las separa.

Es decir, que tenemos a una persona que está prisión por quebrantar la ley, y la misma institución penitenciaria, de manera ostensible, quebranta la ley. Todos conocemos lo de “predicar con el ejemplo”. Entonces… ¿Cuál es el ejemplo real que da la cárcel a sus internos?. La cárcel ¿no debería ser un lugar en el que se cumple estricta y escrupulosamente la ley?, ¿un lugar en el que se concentren profesionales, vocacionales, que reúnan, entre otras aptitudes, sensibilidad, humanidad, empatía y ganas de ayudar y orientar?

Esa era la cárcel que yo imaginaba antes de entrar. Pero no es esa la cárcel que descubrí. Cuando entré en prisión quedé sobrecogida con la realidad.

C: Me imagino que el primer día que llegas debe ser como un caos aprender cómo funciona todo…

E: Durante el primer mes de internamiento, revisaron la celda en la que yo estaba en varias ocasiones y una de las veces que nos hicieron subir para regañarnos, el suelo del pasillo de la planta estaba lleno de paquetes de compresas. Cientos de paquetes, tirados por la funcionarias, desde las celdas al pasillo. Yo no podía entenderlo: las compresas te las da el centro, forman parte del lote mensual… pero si tienes compresas acumuladas  (la cantidad depende de la guardia) te ponen un parte.  Y si a la guardia le da por tirar todos los paquetes de compresas  que encuentra en las celdas, pues a aguantarse. Y este es sólo un ejemplo, de lo más tonto, de lo que viví allí.

Cuando convives durante mucho tiempo con normas arbitrarias, cambiantes y que dependen del estado de ánimo del funcionario de guardia, acabas enfermando. Enfermas por el miedo, la inseguridad y la confusión, enfermas porque estás alejado e incomunicado de tu mundo, enfermas porque tienes un trauma provocado por la incomprensión del proceso judicial, enfermas porque te sientes sola y abandonada.

Afortunadamente encuentras el calor y apoyo de las presas, muchas de las cuales se convierten en amigas, hermanas o madres.

Desgraciadamente nadie de la organización, ningún profesional, te explica cómo va a ser el proceso por el que vas a pasar, cómo vas a sentirte y cómo tienes que enfrentarte a ello para superarlo. Nadie te consuela, ni te ayuda, te ven destrozada, tumbada en el suelo del patio durante meses y allí te dejan.  Al menos a mí nadie me echó un mano, al cuello sí (risas).

El tratamiento individualizado es inexistente, por ejemplo, mi programa de tratamiento consistía en las mismas actividades que las de una interna condenada por asesinato. Lo lógico sería tratamientos diferentes, porque los delitos, los perfiles personales, sociales, familiares, las condenas, etc. son diferentes. Se supone que nuestras cabecitas tienen problemas diferentes ¿o no?

La cárcel que yo he vivido es terrible, y he observado que la gran mayoría de las personas que se encuentran en prisión, han nacido y crecido en un entorno violento, apenas tienen formación, y no tienen recursos para saber dónde encontrar soluciones a los problemas del día a día. Y lo más reprochable es que allí no se les enseña cómo enfrentarse y resolver esos problemas. La gran mayoría de estas personas, con algo de ayuda eficaz, se convertirían en buenos ciudadanos, porque son personas valiosas, con valores y principios sólidos, con ganas de mejorar, pero que la mala suerte y las necesidades que cubrir les llevaron a delinquir.

Otra cosa que me sorprendió allí dentro es la relación hombre-mujer. Se gestiona de forma brutal, como si las relaciones se cimentaran únicamente en el sexo. A las mujeres se las sexualiza totalmente, se las cosifica.

C: ¿Me podrías dar algún ejemplo de esto último que comentas?

E: Sí, por ejemplo, se les busca novia a los internos. El porcentaje hombres/mujeres es 14/1 aprox. Imagínate lo demandadas que están las chicas… Se favorecen las relaciones entre hombres y mujeres de manera extraoficial, pero a mi me pareció que el objetivo era únicamente que llegaran a tener sexo, consiguiendo con el tiempo vis a vis íntimos, y no que establecieran relaciones sanas. Me explico: por los viales/pasillos entre módulos no se puede hablar con los chicos, si quieres saludar a alguien hay que pedir permiso a los funcionarios, pero en cambio, pasados unos meses y si has mantenido correspondencia y comunicado por cristales, puedes acceder a encuentros sexuales en una habitación dispuesta para ello. Una relación afectiva puede ser sin el componente sexual, la atracción puede estar basada en la espiritualidad, en objetivos comunes, en visiones del mundo similares…  El mensaje que se trasmite, desde la institución a los presos es, pues, que ¿la única finalidad de una relación es el sexo? Para mí es una idea totalmente  errónea.

C: ¿Crees que todo lo anterior sucede porque no se controla?

E: Yo creo que el espíritu de la ley y su redacción son buenos. Tenemos una Ley y un Reglamento Penitenciarios que a mí me parecen favorables, pero – y hablo desde mi experiencia – no he visto que se apliquen. Da la sensación que los funcionarios no los conocen, o los han olvidado (tras haberlos estudiado para pasar la oposición) o les importa un bledo no aplicarlos y, por tanto, saltarse la normativa (total, no pasa nada).

Como no hay ningún control de procedimientos ni acciones, y tampoco parece interesar que lo haya, aquello es la selva.

Yo no conozco a nadie que de puro feliz amargue a los demás… por lo que eso me lleva a pensar que muchos de los empleados de prisión se sienten insatisfechos con algún (o varios) aspectos de su vida. Y me atrevo a decir que su entorno y clima laboral no es el más propicio para desarrollarse ni profesional ni personalmente.

C: ¿Consideras que es algo que sucede en todos los centros penitenciarios?

E: Yo creo que es algo que ocurre en todas la cárceles. Sé que en cuanto a cumplimiento de la ley, este centro es uno de los que más escora la condena hacia la parte más punitiva.

En otros lugares, por lo que he podido leer, sí se realiza un tratamiento y si el preso cumple los objetivos fijados se respetan los plazos marcados legalmente para los permisos de salida, la progresión en grado etc.  El problema en este centro es que el programa de tratamiento es inespecífico, no contempla ni objetivos ni plazos para cumplirlos, por tanto, si no sé a dónde ir ¿cómo voy a saber si he llegado?, y lo que es peor ¿cómo lo va a saber las personas que han de evaluarme (los técnicos que componen la Junta de Tratamiento)? Y si no lo saben, porque no pueden medirlo, ¿en qué basan sus decisiones favorables o desfavorables?

C: ¿Puede deberse también a la falta de formación del personal?

E: Por su puesto. La formación continua y la adecuación a la realidad, siempre cambiante, es uno de los aspectos fundamentales para cualquier organización (o debería serlo). Desconozco cual es la formación requerida para cada uno de los puestos del organigrama de la prisión por lo que opinaría de forma alegre. Pero por lo que he vivido, por el trato que yo he recibido, excepto contadas excepciones, (como si fuera una niña, como si mi capacidad intelectual estuviera mermada, o como si no supiera qué quiero, o no pudiera decidir ni discernir por mí misma etc.) me da que formación pedagógica no tienen, que tampoco tienen una visión integral de la persona, que desconocen (o parecen desconocer) los conceptos más elementales sobre cómo influye el entorno y las circunstancias en la salud, o que no tienen nociones de psicología, sociología, gestión de personas y conflictos… y algunos, desgraciadamente, incluso parece que desconocen las normas básicas de cortesía o urbanidad.

Si para cumplir condena, cuyo objetivo es la reeducación y reinserción social, como marcan la Constitución Española (CE), art.25.2, La Ley Orgánica General Penitenciaria (LGOP), art.1, y el Reglamento Penitenciario (RP), art.2, tienes que dejar tu casa, tu familia y amigos, tu trabajo y te confinan en un sitio (la prisión, en régimen ordinario -porque el régimen abierto no se plantea hasta la mitad de la condena pese a que puede aplicarse desde el principio-), donde no existen las normas sociales que tu conoces, no puedes realizar actividad enriquecedora alguna, donde no puedes socializar con personas de tu entorno natural, no tienes contacto con la naturaleza, no puedes mantener una alimentación equilibrada y sana… (como fue mi caso) ¿te están reinsertando? ¿O justamente lo contrario?

C: ¿Existen espacios suficientes para que las mujeres puedan llevar a cabo el cumplimiento de la condena en igualdad de condiciones que los hombres?

E: ¡No!, en absoluto. Las instalaciones deportivas conjuntas, por ejemplo, no están disponibles por igual. Tampoco determinadas actividades, la población de hombres es mucho mayor, por lo que las plazas destinadas a mujeres son mínimas, así como el tipo de actividad, básicamente dirigidas a un público masculino.

Otro ejemplo la UTE (Unidad de Tratamiento Especializado), para personas con drogadicciones; la mujeres no puede acceder. Se trata de un módulo únicamente para hombres. Como el módulo de respeto. También únicamente los hombres pueden ser destinados a este tipo de módulos mucho menos ruidosos y difíciles. Como he comentado antes, la no separación se trata, abiertamente, de discriminación por razón de sexo, y eso la Constitución Española, en su art. 14, lo impide.

En el próximo artículo continuaremos con la segunda parte de la entrevista, que espero, os haya gustado.

Publicado por:

cristina
La situación de las mujeres en prisión. Testimonio de una mujer que cumplió condena en un Centro Penitenciario Nacional – 1ª parte – (c) – Cristina Sánchez

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