Ruptura y nuevo orden de género.

El contenido de estas dos imágenes dan fe que la percepción de la sexualidad está cambiando, y con ello la forma de relacionarse y de concebir los roles de género, que conlleva una nueva visión de la sexualidad más abierta y diversa, dando visibilidad a espacios antes ocultos y haciendo estremecer las bases del paradigma heterosexual que hasta ahora estaba siendo transmitido de generación en generación. Esto también afecta a la visión de la masculinidad y la proliferación de nuevos discursos dominantes, entre ellos el feminista.

El patriarcado

Nuestra sociedad occidental y capitalista se basa en un sistema patriarcal, donde los hombres ocupan todas las posiciones de poder y los otros grupos como las mujeres, personas ancianas y menores de edad, están por debajo. Según Sylvia Walby “el patriarcado es un sistema de estructuras y prácticas sociales en el que los hombres dominan, oprimen y explotan a las mujeres” (Giddens, 2004, 164-165). Apunta directamente al capitalismo como beneficiario de éste patriarcado. Lo cual se puede relacionar con las manifestaciones en contra del uso del cuerpo de la mujer como reclamo publicitario. Pero también vale decir, tal como apunta la misma autora, que capitalismo y patriarcado se han enfrentado y fue en la gran incorporación de la mujer en el mercado laboral durante las dos grandes guerras mundiales, por ejemplo. Las azafatas en los grandes premios es también ejemplo del uso de las instituciones culturales patriarcales como fuente de la desigualdad de género que, tal como señala Walby, son los medios de comunicación que dan una imagen de la mujer en cuanto a maneras de comportarse y actuaciones aceptables.

Feminismo

Para entender esta argumentación y postura, es preciso explicar y hacer referencia a las teorías feministas, que pretenden dar una explicación teórica de las desigualdades de género y aplicar medidas para superarlas. Según Giddens, hay tres principales enfoques:

  • Feminismo liberal: pretende explicar la desigualdad en las actitudes sociales y culturales y centran su discurso en la igualdad de oportunidades mediante medidas legislativas.

  • Feminismo radical: su discurso se basa en el análisis del patriarcado como responsable de la explotación de la mujer mediante su objetualización y el ejercicio de violencia sobre ella. La igualdad sólo se conseguirá derrocando este orden.
  • Feminismo negro: es el discurso predominante de las mujeres negras y de países en vías de desarrollo, pues viven una realidad distinta a los anteriores discursos, generalmente esbozados por mujeres blancas de clase media. Estas teorías añaden un elemento más a la discriminación de las mujeres que es la raza. Así, la realidad que viven estas mujeres es distinta,  pues según Brewer (Giddens, 2004, 166) cuando se combinan los factores de color, género y posición social, la desigualdad se refuerza y se intensifica.

La asunción de espacios de poder local por nuevas formaciones políticas abiertamente declaradas feministas hacen poner de actualidad la asunción de un discurso feminista más radical que el que se esgrimía desde las instituciones. Esto provoca que se empiecen a revisar las relaciones de género concebidas hasta la actualidad, dando voz a nuevos espacios donde las pautas sociales entre mujeres y hombres cambian. Las mujeres van ocupando espacios que antes eran exclusivamente de hombres, como profesiones técnicas, y los hombres reivindican su función en ámbitos y participación en ámbitos que eran concebidos sólo para el círculo femenino, como el ámbito doméstico.

Orden de género y el paradigma heterosexual

R. W. Connell (Giddens 2004: p.168) expone que las relaciones de poder entre hombres y mujeres interactúan en tres aspectos: el trabajo, el poder y la catexis (relaciones personales o sexuales). Si el sistema patriarcal de las sociedades capitalistas occidentales surgidas tras la Revolución Industrial expone la figura de una mujer cuarteada, como así la nombra  Enrique Gil Calvo (1991), dividida entre sus funciones en el ámbito doméstico y en el laboral, el hombre tiene como tarea exclusiva el ámbito laboral. La heterosexualidad es la manera en que se gestiona las relaciones entre hombres y mujeres, es un estilo de vida, emocional y de consumo, no tiene que ver con quien te vas a la cama. Esta forma de sexualidad es adultista, misógina, sexista, homófoba, defiende el matrimonio o la pareja estable monógama como espacio idóneo para el desarrollo personal, coitocéntrica y reproductiva, persigue a quien se aparta del modelo, se basa en el mito del amor romántico y defiende las prácticas sexuales “vainilla”.

Masculinidades

Este sistema está en crisis gracias a las voces feministas que luchan para cambiar el orden de género establecido y, por ello, la masculinidad también cambia. Si antes he hecho mención al hombre como único miembro de la cúspide de la estratificación patriarcal, dentro encontramos distintos tipos de masculinidades con mayor y menor poder. Según Óscar Guasch en Héroes, científicos, heterosexuales y gays. Los varones en perspectiva de género (2006) hay un macho alfa al que se le llamaría “héroe”, que demuestra constantemente su hombría con acciones de valor, arrojamiento y tosquedad. Se muestra con gestos, los gestos al hablar han de ser sobrios y contundentes con las manos, nada de hacer curvas ni dejarlas sin fuerza. Un hombre demuestra que lo es constantemente. No se demuestran afecto entre sí, aunque hay espacios donde se cumple la excepción como es en el deporte, donde se tocan y se abrazan.

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Sylvester Stallone, Chuck Norris, Van Damme, Bruce Willis, entre otros, son ejemplos del “héroe”.

Alrededor de éste macho alfa se encuentran las otras masculinidades como la anciana o la homosexual. La masculinidad anciana haría referencia a los hombres que ejercieron roles hegemónicos pero que ahora por edad se retiran del centro para educar en esos valores a los niños que vienen. La homosexual es la némesis del “héroe”, pues no cumple con las características dominantes y se acerca al rol sumiso de la mujer. Estas dos masculinidades son necesarias para entender la hegemónica ya que suponen un límite donde puede acabar relegado un hombre si no cumple con los requisitos establecidos de masculinidad, como una degradación dentro de la escala de poder social.

Conclusión

Si nos fijamos en el caso de la chica del tranvía, en el escrito de respuesta al chico que la buscaba, expone los miedos, inseguridades e incomodidades que sufren las mujeres a diario por parte de los hombres. Es una denuncia de la inseguridad sufrida por ellas en el ámbito público, donde se es presupuesto que la joven está triste y sola y por ende necesita la compañía de un “héroe” que la alegre bajo la idea del mito del amor romántico. Esto no tiene que ser exclusivamente nocivo, dentro de una sociedad diversa caben distintos tipos de relaciones entre géneros, el problema es cuando se institucionaliza y se exige que así sea con actitudes de exclusión hacia quien no sigue ese rol.

Por todo esto el sistema patriarcal está en crisis, pues está siendo cuestionado por tesis como las feministas o los grupos de defensa a los derechos LGTB, exigiendo espacios de visibilidad e igualdad en el modelo de sociedad actual, las mujeres han pasado a reivindicar su posición social más allá de las que se les presuponen como tener descendencia. Muchas mujeres optan por no tenerla en ejercicio de su libertad individual. Y como cambia la feminidad, también cambia la masculinidad. La idea del hombre hegemónico sigue vigente, pero los espacios para los que no cumplen esos requisitos de hombría se están abriendo cada vez más y se proclama el derecho a poder expresar los sentimientos y a luchar por poder tener las mismas funciones dentro del hogar. La gestación de un nuevo orden de género está en marcha.

Bibliografia

Ariès, Philippe et al. (1987) Sexualidades Occidentales. Barcelona: Paidos Ibérica.

Giddens, Anthony (2004) Sociología. Madrid: Alianza Editorial.

Gil Calvo, Enrique (1991) La mujer cuarteada. Barcelona: Anagrama.

Guasch, Oscar (2006) Héroes, cientificos, heterosexuales y gays. Los varones en perspectiva de género. Barcelona: Edicions Bellaterra.

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Ruptura y nuevo orden de género. – (c) – Javier Andrés Caballero

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