En mi casa no hay secretos. Prevención del abuso sexual infantil

En mi casa no hay secretos, no me gustan y mi hijo de 6 años lo sabe. No suele contar lo que hace en el colegio a diario pero si que explica cuando están haciendo alguna manualidad especial o preparando una sorpresa para los padres, a pesar de que en colegio les dicen que es un secreto y que no lo pueden contar.

Tampoco obligamos a dar besos, con saludar educadamente consideramos que es suficiente.

Y es que dicen que más vale prevenir que lamentar y aunque a veces no es posible prevenir porque no depende de nosotros, sino de estar en un lugar determinado o de cruzarnos en el camino de la persona equivocada, no está de más que desde casa tratemos de prevenir, en este caso, el abuso sexual.

Apenas existen datos estadísticos a cerca del abuso sexual infantil en España, aunque podemos obtener información contrastada en el libro de la Doctora en Psicología María Isabel Martínez Pérez, “Abusos sexuales en niños y adolescentes”, publicado en el año 2012 por la editorial Criminología y Justicia.

Los datos que ofrece la Doctora en Psicología no dejan indiferente a nadie, 1 de cada 4 niñas y 1 de cada 8 niños serán agredidos sexualmente antes de haber cumplido los 16 años. En más del 80% de los casos, el abusador es un familiar o persona de su entorno. Solamente el 50% de los niños revela el abuso y de éstos sólo el 15% denunciará y finalmente el 5% llegará a juicio, podríamos decir que 1 de cada 20 abusadores son procesados.

El abuso sexual infantil es mucho más que utilizar a un niño como objeto sexual, es un abuso de poder, de confianza, de respeto, de miedo… No solamente se incluyen situaciones con contacto físico, para que una conducta se convierta en sexual lo que importa es la intención del abusador. Obligar al niño a que presencie o participe en actividades para las que no está preparado por su edad.

Los abusadores tratan de hacer al menor partícipe y cómplice de la situación que le han hecho vivir ellos mismos, que la mayoría de las veces no entienden lo que está ocurriendo o desconocen si lo que les están haciendo está bien o mal, debido a su corta edad.

Atraen a sus víctimas mediante el engaño y la seducción, haciéndose valer de su superioridad ante una víctima ya conocida.

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Sobre el perfil del abusador, podemos decir que más del 80% conocen a sus víctimas, pertenecen a su círculo familiar o de amistades, teniendo así fácil acceso al niño, con quien tienen una relación de confianza previa.

El 90% de los casos son hombres. Muchos fueron también víctimas de abuso sexual en su infancia o adolescencia y repiten el mismo patrón.

Algunos son respetables, encantadores, manipuladores, controladores y les gusta estar en compañía de niños, aparentemente son personas totalmente adaptadas, sin patologías evidentes y sin trastornos psicológicos. Otros son inseguros, retraídos, se relacionan poco con otros adultos y se decantan por profesiones o voluntariados en los que tienen que estar en contacto con niños.

Podemos decir que no existe un perfil único de abusador sexual infantil y que cualquier persona, en determinadas circunstancias podría llegar a serlo, no tiene porqué ser un enfermo mental que espera en un callejón oscuro a que se acerque su víctima.

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Por lo que respecta al perfil de la víctima, puede serlo cualquier niña o niño, hay abusadores a los que les gustan las niñas y a otros los niños, que prefieren niñas en edad de pubertad o niños menores de 10 años…

No existe el síndrome del niño o el adolescente abusado, cada niño manifestará una sintomatología diferente.

Para detectar una situación de abuso sexual infantil debemos estar atentos a los cambios de comportamiento del niño, si está decaído, deja de comer, se muestra rebelde y agresivo…

Las secuelas que pueden dejar las agresiones sexuales en menores pueden ir desde pesadillas, trastornos de la alimentación, consumo de drogas o alcohol, conductas suicidas o de autolisis, bajo rendimiento académico, culpa y vergüenza, depresión, agresividad, retraimiento social, entre otras.

Es muy importante la prevención basada en la comunicación y una buena relación entre padres e hijos, en la que los hijos se sientan cómodos expresando sus sentimientos y sepan que pueden recurrir a nosotros ante cualquier problema.

Hay que proteger a los niños, desde pequeños deben saber que tienen derecho a su intimidad, a su espacio y que no tienen porqué ser cariñosos con los demás si no quieren. Que son dueños de su cuerpo y que nadie tiene porqué tocar sus partes íntimas ni sobrepasarse con un contacto físico no deseado.

Enseñar a los niños a poner límites cuando sienten que su espacio personal está siendo invadido es fundamental, que conozcan el derecho que tienen a decir no, ante situaciones que no les agradan o incomodan y que sepan que negarse no es de mala educación.

Si no les apetece dar besos o que les hagan cosquillas deben decirlo sin sentir vergüenza o miedo porque no hay que complacer a nadie, y que las muestras de afecto tienen que ser consentidas.

Es muy típico obligar a los niños a dar besos o abrazos a familiares y amigos contra su voluntad, tachándolos de maleducados si no acceden a hacerlo.

Obligarles puede llegar a ser contraproducente, les estamos enseñando que hay que ceder cuando alguien nos exige besos o caricias y que nuestras necesidades y deseos no son importantes, que es prioritario complacer a los demás.

Se les debe transmitir confianza y seguridad, que sepan que sus padres siempre les van a querer hagan lo que hagan y que no han de ganarse el afecto de nadie ni agradar a los demás.

Nuestros hijos deben tener la seguridad de que siempre vamos a estar allí cuando lo necesiten, siendo escuchados sin ser juzgados.

Trabajar las emociones y aprender a gestionarlas, es imprescindible a la hora de mostrar sus sentimientos con total naturalidad y sin avergonzarse de lo que sienten.

La palabra secreto acostumbra a ser muy utilizada por los abusadores, a los niños de por sí les gustan los secretos, se sienten importantes cuando alguien quiere compartir con ellos un secreto y de esto se valen los agresores. Con el secreto pretenden convertir al niño en cómplice de la situación que está viviendo y lo hacen en parte responsable, dejándolo completamente indefenso. Haciéndoles creer que bajo ninguna circunstancia pueden traicionar la confianza de la persona que les ha confiado el secreto y que si lo cuenta nadie les creerá y además romperán la familia y harán sufrir a sus padres. Hay quien dice que hay que enseñar a los niños a diferenciar entre secretos buenos y secretos malos, estos últimos nos hacen sufrir y generan malestar y dolor y siempre hay que contarlos. El secreto pasará a ser malo cuando se convierte en una carga que nos hace daño.

Yo prefiero evitar todo tipo de secretos sobretodo cuando los niños son pequeños y no saben diferenciar entre secretos inofensivos o maliciosos.

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Publicado por:

agustina


En mi casa no hay secretos. Prevención del abuso sexual infantil –
(c) -Agustina Rico

Referencias:

Martínez Pérez, M.I. (2012). Abusos sexuales en niños y adolescentes. Editorial Criminología y Justicia.

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