El efecto CSI

En los últimos años, a raíz  del incremento de telespectadores de series como CSI (y sus variados spin-offs), Ley y Orden, Mentes Criminales o Bones; que tratan de llevar a la pequeña pantalla algunas de las situaciones más morbosas e  intrigantes del día a día de los cuerpos de investigación criminal, se ha detectado un cambio en la percepción pública sobre las ciencias forenses; sobretodo en Estados Unidos.  Este cambio de percepción, ha sido denominado por algunos de los medios de comunicación como “El Efecto CSI”.  Dada la importancia que tiene el jurado popular en los procesos judiciales estadounidenses, este artículo tiene como objetivo analizar de qué manera afecta a cada una de las figuras presentes en los juicios que se llevan a cabo en Estados Unidos.

Este fenómeno apareció escrito por primera vez a finales de 2002 en un artículo de la popular revista Time (Cole y Dioso-Villa, 2009), titulado “How Science Solves Crimes: From Ballistics to DNA, Forensic Scientists Are Revolutionizing Police Work on TV and in Reality. And Just in Time” (Kluger, 2002), que plantea como la ficción de este tipo de series crea en los sujetos falsas expectativas sobre la realidad de la criminalística.  Posteriormente, en el año 2004 pudo verse escrito en algunos medios con el nombre que hoy se conoce, “El Efecto CSI” y en 2005, fue ampliamente adoptado por la mayoría de medios de comunicación (Cole y Dioso-Villa, 2009).

El efecto CSI (Durnal, 2010; Kim, Barak; Podlas, 2006; Shelton, 2009; Schweitzer y Saks, 2007) ha sido definido como el fenómeno por el cual los miembros del jurado popular podrían ver sesgadas sus expectativas respecto a las evidencias halladas y las pruebas forenses practicadas durante el juicio y la investigación del crimen. El motivo de este sesgo, se considera que es a causa de la imagen distorsionada, irreal e idealizada que ofrecen algunas series de investigación como CSI, Mentes Criminales o Ley y Orden, que además, ocupan el prime time en televisión y son vistas por millones de personas.

Con la intención de ejemplificar lo que se ha ido exponiendo en la anterior definición del efecto, se ha analizado un capítulo de la serie CSI: Las vegas, elegido al azar. Concretamente, el episodio número once de la tercera temporada, titulado “Receta para un asesinato”. En este episodio se llevan a cabo, paralelamente, dos investigaciones. En el primer crimen, hallan un cadáver en una picadora industrial de carne, situada en un matadero. En este escenario logran hallar hasta doce indicios, de los cuales once son analizados. A cinco de estos indicios se les realiza algún tipo de prueba para la extracción de ADN. En el segundo crimen, se encuentra el cadáver de una chica extendido en una cama. Todo apunta a un posible suicidio. Si volvemos a enumerar las muestras encontradas en la escena, nos encontramos cinco indicios de distinta naturaleza, a las cuales se les práctica varias pruebas de análisis. Como no, los resultados son conseguidos en cuestión de minutos. Lo que más sorprende al visionar este episodio es la desconcertante intervención final de uno de los forenses protagonistas:‘… y todo esto en una sola jornada’.

Por lo tanto, podemos observar como en estos episodios se narran tramas escabrosas que acaban resolviéndose en poco más de 45 minutos,  gracias a un sinfín de métodos científicos (algunos de ellos irreales e innecesarios) por jóvenes policías, de mentes impecables que consiguen dar caza al criminal de la forma más sencilla.

El efecto CSI en la sala de procesos.

Las consecuencias de este efecto no sólo está vinculado a los miembros del jurado popular, sino que también se ven afectadas las figuras del fiscal, la defensa y el mismo juez, entre otros. Las principales consecuencias de este efecto en las distintas figuras según las investigaciones de Durnal, (2010) y Cole y Dioso-Villa, R. (2009) son:

  • El efecto en la figura del Jurado: El efecto en esta figura ha sido el más estudiado y el más conocido. Como se ha dicho anteriormente, el jurado muestra una gran expectativa frente a las técnicas forenses y espera encontrar en todos los procesos algún dictamen de una prueba forense que lleve inequívocamente al culpable. Además, sin la existencia de pruebas forenses no creen que pueda ser posible determinar la culpabilidad del investigado. Este reclamo de la presencia de pruebas forenses, se da en mayor medida en los delitos más graves como el homicidio, el asesinato o la violación, que según explica Brickell, (tal como se cita en Durnal, 2010) el 26.5% de los sujetos encuestados no condenaría a alguien sin algún tipo  de evidencia científica.juror
    Otro aspecto a observar en los jurados, respecto a este efecto, es que tienden a pensar que comprenden las bases y la naturaleza de las pruebas forenses practicadas y la idoneidad con que estas se llevan a cabo, pero cabe reiterar que no es posible que métodos tan complejos sean comprendidos mediante el visionado de series ficticias de televisión.
  • El efecto en fiscales: Como consecuencia de esta alta expectativa de las pruebas por parte del jurado, en el proceso se ha detectado que a los fiscales estadounidenses se les ha añadido una tarea más a sus funciones. En muchas ocasiones deben dedicar tiempo a explicar y educar al jurado sobre las evidencias que pueden ser objeto de análisis. Deben explicar la adecuada aplicación de las técnicas forenses,  en razón a qué se aplica, o no, una prueba y qué requisitos deben darse para poder presentarla o realizarla.No siempre es necesario realizar pruebas a todas las evidencias que se encuentran en un escenario, a parte de un gran coste, muchas veces carece de sentido. Hay  casos en que si no se dispone de una muestra indubitada para cotejar, es una necedad realizar pruebas de individualización. Un ejemplo práctico es el que narra Stevens (tal como se cita en Durnal, 2010), en un caso que tuvo lugar en Arizona. El jurado pedía pruebas de ADN para un abrigo ensangrentado, pero en ese caso, el fiscal tuvo que  explicar que no era necesario ya que el acusado había confesado estar en el lugar del crimen.
  • El efecto en la defensa: En el lugar opuesto al fiscal, se encuentra el abogado defensor, en ocasiones pueden emplear los prejuicios de los que parte el jurado para dar credibilidad a lo que se ve en televisión sobre las técnicas de investigación forense. Por otro lado, también ocurre que al igual que los fiscales, deben hacer ver al jurado la naturaleza real de las pruebas y que estas han de ser interpretadas por un experto.
  • El efecto en el juez: Este efecto también concierne, en menor medida, a la figura del juez. Muchos jueces son conscientes de la presencia de este efecto en las salas, y admiten invertir algún tiempo intentando asegurarse que el jurado comprende las limitaciones que rodean las pruebas forenses. Un estudio llevado a cabo por Robbers (2008) revela que el 46% de los jueces piensan que evidencias consideradas irrelevantes fueron presentadas en el juicio.Un ejemplo de ello es el curioso caso que publicó el diario ABC y que tuvo lugar en el año 2007, la jueza Patricia Oney, del condado de Butler, Ohio, prohibió ver series como CSI y otras similares a los miembros que formen parte de un jurado popular, con la intención de que esto no influyera en las deliberaciones.
  • El efecto en los cuerpos policiales: La principal traba con la que se encuentran los investigadores forenses estadounidenses, es que la incesante demanda de evidencias para la resolución de los casos, les conduce a buscar un gran número de evidencias físicas para ser analizadas. Esto se traduce, en la incapacidad para almacenar todas las pruebas en los almacenes de las dependencias policiales. Según un estudio realizado por Pratt (tal como se cita en Durnal, 2010), un 61% de los cuerpos policiales encuestados indicaban que no disponían de suficiente espacio para almacenar todas las pruebas recabadas, sobretodo las relativas al ADN.

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  • El efecto en el criminal: En este tipo de series de televisión no todas las técnicas que se muestran son irreales, por ejemplo, el uso de algunos productos de limpieza para eliminar los restos de ADN sí son verdaderos. Asimismo, se ha incrementado el número de casos en los que la persona que lleva a cabo el delito en cuestión, se cubre las manos y los pies con la finalidad de reducir las posibilidades de identificación por medio de huellas. En cierta manera esto puede dificultar a los investigadores el curso normal de la investigación, pero realmente no existe el crimen perfecto; sino una mala investigación.
  • El efecto en los estudios de ciencias forenses: Otro ámbito que se ha visto afectado, este no tan negativamente, es el de los estudios en ciencias forenses. A partir del auge de este tipo de series, la demanda de este tipo de estudios se ha visto incrementada. Esto es positivo porque se extiende el interés y en consecuencia el alcance de este tipo de ciencias. Además, muchas universidades a raíz de este fenómeno se han visto obligadas a introducir en sus planes de estudio la recreación de situaciones parecidas a las que se muestran en televisión, con la intención de cumplir, en cierta manera, las expectativas de los estudiantes que ingresan en los estudios. Por otro lado, mucho de los alumnos van con la idea preconcebida, de que se trata de una ciencia sencilla que puede llevarse a cabo mediante ordenadores y múltiples instrumentos tecnológicos. La realidad es que detrás de estas ciencias, hay muchos otros conocimientos, como la medicina, la biología, la criminología, la física, la química y un largo etcétera, a la vez que muchas horas de estudio, desarrollo y comprensión.

Finalmente, cabe matizar que mientras los medios de comunicación y una parte de los profesionales defienden la existencia de este efecto como un problema que engloba el sistema judicial americano, por otro lado, algunos investigadores han detectado que pese a que sí existen altas expectativas por parte de los miembros del jurado, y esto repercute en las distintas figuras de la sala de procesos y en el desarrollo del mismo, esto no se traduce en importantes cambios en el momento de dar un veredicto (Kim et al, 2010; Podlas, 2006 y Shelton, 2009 ). Además, estos profesionales apuntan que en lugar de hablar de Efecto CSI, habría que prestar atención al “Tech effect”(Cole, Dioso-Villa, 2009 y Kim et al, 2010), es decir, al efecto que el auge de las tecnologías han tenido en las últimas décadas, al que consideran el real causante de este efecto.

Publicado por:

cristina

El efecto CSI – (c) – Cristina Sánchez

Referencias:

 Cole, S.A. y Dioso-Villa, R. (2009). Investigating the “CSI Effect” Effect: Media and litigation crisis in criminal law. Stanford Law Review, 61 (6), 1335-1374.

De Haro, J.L. (15 de agosto de 2007). Una juez de Ohio prohíbe a su jurado ver series como <> o <>. ABC. Recuperado de http://www.abc.es/hemeroteca/historico-15-08-2007/abc/TVyRadio/una-juez-de-ohio-prohibe-a-su-jurado-ver-series-como-csi-o-ley-y-orden_164388199130.html

Durnal, E.W. (2010). Crime scene investigation (as seen on TV). Forensic Science International, 199(2010), 1-5.

Kim, Y.S., Barak, G. y Shelton, D. E. (2009). Examining the “CSI-effect” in the cases of circumstantial evidence and eyewitness testimony: Multivariate and path analyses. Journal of Criminal Justice, 37 (2009), 452-460

Kluger, J. (2002). How Science Solves Crimes: From Ballistics to DNA, Forensic Scientists Are Revolutionizing Police Work on TV and in Reality. And Just in Time. Time. Recuperado de https://modelsandstrategies7.wikispaces.com/file/view/Criminal+Science+Article-Student+Copy.pdf.

Podlas, K. (2006). “The CSI Effect”: Exposing the media myth. Fordham Intellectual Property, Media and Entertainment Law Journal, 16 (2), 429-465.

Robbers, M.L.P. (2008). Blinded by science: the social construction of reality on forensic televisión shows and its effect on criminal jury trials. Criminal Justice Policy Review, 19 (1), 84-102.

Schweitzer, N.J. y Saks, M.J. (2007). The CSI effect: Popular fiction about forensics science affects the public’s expectations about real forensic sicence. Jurimetrics, 4, 357-364.

Shelton, D.E., (2006). The “CSI Effect”: Does it really exist? NIJ Journal, 259, 1-7.

 

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