Acoso sexual en la red: adolescencia y grooming

La cotidianeidad y el uso excesivo de las nuevas tecnologías genera una sensación de confianza que, junto a otros factores propios de Internet como el anonimato y la desinhibición (Górriz, 2016; Ortega & Ramírez, 2014), promueve conductas de riesgo cuyas consecuencias van más allá del entorno online (Montiel, Carbonell & Salom, 2014). Así, la red se ha convertido en un factor de riesgo en sí mismo para cierto tipo de delitos que atentan contra los derechos denominados de cuarta generación (aquellos que nacen en la era digital) (Ortega & Ramírez, 2014).

Uno de los peligros asociados a las nuevas tecnologías es el grooming, que suele definirse como el acoso sexual por Internet a personas menores de edad. Se ha dado tal aumento en los últimos años, que tanto la legislación internacional como el Código Penal español en su artículo 183 ter, se han hecho eco de ello.

  • El abuso online también es abuso

Internet se ha convertido en una herramienta esencial para individuos con fantasías pedófilas y constituye una fuente casi ilimitada de material de abuso infantil (Choo, 2009). Es un nuevo lugar de reunión, ya sea en busca de archivos o información para llevar a cabo sus fantasías, o en busca de una comunidad que normalice su conducta y afiance sus distorsiones cognitivas en cuanto a las relaciones sexuales con menores (Choo, 2009; Montiel et al., 2014; Ortega & Ramírez, 2014).

Algunos de los procesos de acercamiento involucran el envío de imágenes eróticas o sexuales del menor en cuestión. Estas imágenes en manos de un agresor online, hacen que el abuso perdure en el tiempo y la mente de la víctima y que se incremente el impacto psicológico. Su mera existencia aumenta el sentimiento de culpabilidad al pensar que pueden ser utilizadas para chantajear o amenazar a otros menores, o que pueden ser visitadas por otras personas con fines sexuales (Choo, 2009). Cada acceso a esta imagen se convierte en una revictimización.

  • El proceso de preparación

Una de las acepciones del verbo “to groom” es la de “preparar a alguien para una función o papel específico, o bien con determinada finalidad” (Villacampa, 2014). No se trata de un hecho aislado, sino de un proceso de seducción en el que el groomer gana la confianza de la víctima (Górriz, 2016). En el año 2004, O’Connell identificó cinco fases en este proceso (extraído de Montiel et al., 2014):

  • Establecimiento de la amistad en un primer contacto.
  • Conformación de la relación, conversando sobre la vida personal del menor.
  • Valoración del riesgo, haciendo preguntas sobre la supervisión del menor (dónde tiene el ordenador, quién más lo utiliza…).
  • Exclusividad, donde la conversación se torna más privada abarcando problemas personales o secretos del menor.
  • Sexual, cuando el adulto (o mayor) conduce la conversación hacia este terreno.

El tema sexual se introduce gradualmente, bien compartiendo detalles de sus propias experiencias o enviando imágenes de abuso infantil (Palcezwski, 2001; extraído de Choo, 2009). Esta preparación tiene dos funciones: activar sexualmente al menor y promover/autorizar que comparta con él sus propias imágenes de contenido sexual.

El proceso es muy variable en cada caso, influido por numerosos factores que se superponen, relacionados con el contexto, el sujeto, el medio empleado, e incluso el “self grooming”, que se refiere al autoengaño que realiza el acosador para evitar tener una concepción negativa de sí mismo (Górriz, 2016).

Teen laptop

Es necesario romper los estereotipos respecto a las personas que buscan contacto sexual con menores. Los ciberagresores son personas comunes, normalmente hombres aunque el número de mujeres está aumentando, de casi cualquier edad, cultura y ubicación geográfica, con un amplio dominio de Internet y redes sociales (Montiel et al., 2014). Hablando en términos numéricos: un 50% comenzó antes de los 16 años, un 85% de los casos es familiar o allegado de la víctima, y un 95% de ellos ni siquiera oculta su identidad al cometer el abuso (Choo, 2009; Ortega & Ramírez, 2014).

A esta variedad en características demográficas, se une la variabilidad en cuanto a patrones comportamentales que señalaron Webster et al., en 2012 (Montiel et al., 2014):

  • Intimacy-seeking o distorted attachment offender: buscan relaciones románticas e íntimas a largo plazo con menores.
  • Hyper-sexualised offender: necesitan satisfacer impulsos de manera inmediata.
  • Adaptable offender: se adaptarían a las características del menor y a cómo reaccionase durante el acercamiento.

En lo que a víctimas se refiere tampoco se puede identificar un perfil concreto. Hay una gran diversidad en cuanto a clase social, área de residencia, etnia o cultura. Lo que hace a los menores especialmente vulnerables a este tipo de delito es que aún no han desarrollado plenamente sus habilidades sociales, y en especial los adolescentes son los objetivos preferidos por los ciberabusadores (Choo, 2009; Montiel et al., 2014).

¿Por qué los adolescentes? Por las características propias de esta etapa evolutiva: aumento de interés por la sexualidad, utilización de Internet para resolver sus dudas respecto al tema y dificultades en la relación con sus padres. La edad de mayor riesgo online parece estar entre los 13 y los 15 años, puesto que hay un mayor uso de Internet y un mayor grado de asunción de riesgos online (Montiel et al., 2014).

¿Todos los adolescentes tienen el mismo riesgo de convertirse en víctimas? Según Choo (2009), hay ciertas características que aumentan su vulnerabilidad. La falta de autoestima o de confianza en uno mismo hace que sea más fácil aislar al adolescente de su entorno; la inseguridad emocional le lleva a buscar figuras de apego que pueden encontrar en el entorno online; y una inocencia exagerada puede generarles dificultades a la hora de reconocer situaciones potencialmente peligrosas o a mantener conversaciones online con desconocidos.

¿Qué podemos hacer?

Choo (2009) señala al menos dos de las principales dificultades a la hora de enfrentar el grooming. La primera es que adolescentes y acosadores suelen estar más familiarizados con el uso de redes sociales que los padres o tutores. La segunda, el desconocimiento por parte de los menores de los riesgos que tiene publicar información personal en redes sociales.

Por eso, se pueden extraer varias recomendaciones de estudios realizados al respecto:

  1. Respetando cierto nivel de privacidad, es importante que los padres o tutores conozcan el uso de Internet que hacen los menores a su cargo.
  2. Como padres o tutores, estar sensibilizados y conocer el problema del acoso por Internet para poder detectar cuándo un menor está siendo acosado y poder responder a sus peticiones de ayuda de forma adecuada.
  3. Educar desde niños en un uso correcto de las nuevas tecnologías y las redes sociales, con el objetivo de aumentar la privacidad en los perfiles y evitar situaciones conflictivas.
  4. Alertarlos sobre los riesgos de publicar información personal (colegio, instituto, dirección, teléfono personal) y de compartir imágenes con personas conocidas y no conocidas.
  5. Desmontar el mito del agresor sexual (online u offline) como persona extraña, antisocial o huraña, e informar a menores y mayores a su cargo de que el 85% de los acosadores son personas cercanas al niño o la familia.
  6. Consejos básicos: Ubicar el ordenador en un espacio común y de uso frecuente, regular y controlar el uso de webcams, utilizar un nickname en lugar del nombre real, conocer los contactos que tienen en las redes, proteger el dispositivo frente a malwares, y evitar el uso de redes sociales a partir de cierta hora.
  7. Ante una situación de acoso o abuso sexual online, no dudar en denunciar. Es un delito con consecuencias graves para sus víctimas.

Publicado por:

ana-sanchez
Acoso sexual en la red: adolescencia y grooming –
(c) – Ana Sánchez

Referencias:

Choo, K. K. R., & Australian Institute of Criminology (2009). Online child grooming: a literature review on the misuse of social networking sites for grooming children for sexual offences, 103. Canberra: Australian Institute of Criminology.

Górriz, E. (2016). ‘On-line child grooming’en Derecho penal español: El delito de preparación on-line de menores con fines sexuales, del art. 183 ter. 1º CP (conforme a la LO 1/2015, 30 de Marzo). InDret. Revista para el análisis del derecho, 3, 1-47.

Montiel, I., Carbonell, E. J. & Salom, M., (2014). Victimización infantil sexual online: online grooming, ciberabuso y ciberacoso sexual. Delitos sexuales contra menores: abordaje psicológico, jurídico y policial, 203-224.

Ortega, M. & Ramírez, L. (2014). Amistades peligrosas: el delito de child grooming. Iuris: Actualidad y práctica del derecho, 217, 47-53.

Villacampa, C. (2014). Propuesta sexual telemática a menores u online child grooming: configuración presente del delito y perspectivas de modificación. Estudios Penales y Criminológicos, 34, 639-712.

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