Desde que contamos sucesos: Breve análisis del relato periodístico de la criminalidad

periodicosEn el proceso comunicativo que ha desarrollado el ser humano a lo largo de los siglos, en algún momento, o quizá desde siempre, apareció una fascinación aparentemente inexplicable por conocer sucesos. Cuanto más escabroso, más violento, o más cruel, más nos pone los pelos de punta, pero no por ello, queremos quedarnos sin conocer los hechos.  Nos gusta saber los detalles, aunque luego nos cueste tragar saliva al escucharlos. Teniendo esto en cuenta, y sin olvidar que la prensa y la sociedad siempre se han retroalimentado (y aunque no queramos, siguen haciéndolo) es fácil entender por qué los primeros Medios de Comunicación de Masas propiamente dichos eran, en su base, sensacionalistas. Ya lo decía Barata (2003): La crónica de sucesos está unida al crecimiento y, por qué no, también al nacimiento de los medios de comunicación de masas. Es decir, el sensacionalismo y, dentro de él, la crónica negra más morbosa, tiene mucho que ver con que la comercialización masiva de los medios de comunicación tuviera el éxito que tuvo.

Quizá si nos venimos al presente es más fácil de comprobar. Les invito a que cojan cualquier publicación en Internet, un periódico en su versión digital, busquen tres o cuatro noticias entre las que se encuentren una o dos de sucesos y otras de lo que más rabia le dé. ¿Cuáles son las más leídas? Efectivamente, asesinatos, violaciones, accidentes. Nos llaman más la atención y como si fuésemos insectos frente a una bombilla que, sin saber por qué, van hacia la luz, nosotros clicamos sobre ese titular que nos encoje el corazón o las tripas para conocer más detalles.

Se suele decir que la televisión es más culpable de ese aumento de la violencia o de hechos escabrosos en las noticias, pero hoy en día ningún periódico, por ejemplo, se queda atrás. La diferencia es que las imágenes en televisión son en movimiento, no necesitamos dejar volar nuestra imaginación en la reconstrucción del relato que estamos leyendo, o hacer nuestra propia reconstrucción mental en torno a la fotografía de un cuerpo en la carretera, tapado por una sábana. Es más fácil, porque directamente lo estamos viendo. Con Internet, esto se está equilibrando, y no necesariamente para bien. Hace pocas semanas, vi a un policía sacar in extremis a un conductor de su coche en llamas cuando nadie tenía ya esperanza de que pudiese sobrevivir. Lo vimos miles de personas, porque alguien lo grabó y un periódico digital de Estados Unidos no tardó ni cinco minutos en subirlo a la red. Eran imágenes, aunque crudas, con un final esperanzador, pero no siempre es así.

La eliminación de esas diferencias a la hora de mostrar los hechos, entre la televisión y el resto de medios de comunicación, perpetúa algo contra lo que muchos periodistas han luchado y perdido en diferentes batallas: la información entendida como espectáculo, la violencia como forma de hacer negocio. Dice Calleja (2013) que “la violencia ha invadido el campo informativo, se ha convertido en un espectáculo y ha sido muchas veces banalizada y descontextualizada, convertida en agente de entretenimiento, provocador de emociones y elementos atractivos de primer orden para captar audiencia”. Siguiendo a este autor, la información ya no trata de dar a conocer hechos, sino de sacar a la luz los aspectos más morbosos de los mismos.

infografia-libretaA parte de la crítica, necesaria, hay que poner de manifiesto que en las rutinas productivas de los medios de comunicación también hay condicionantes que favorecen que esto ocurra, y el delito y la criminalidad no sólo no quedan al margen, sino que cobran protagonismo en esas rutinas. Principalmente, porque a la hora de elaborar noticias existen “imperativos” que condicionan que se escojan unos hechos y no otros (Steve Chibnall, 1977). Las prisas propias de la redacción, la audiencia, los libros de estilo, el beneficio que aporta una noticia y no otra (sobre todo a nivel económico, medido en número de ventas), etcétera, son algunos de esos elementos contextuales que influyen en el trabajo periodístico, nos guste o no. Pero entre todos ellos, quiero destacar la dramatización y la necesidad de que cada información que se nos ofrezca sea, por sí misma, un hecho nuevo, pero sobre todo, sorprendente (Barata, 2003a).

La realidad es que la vinculación entre conflicto y noticia no se le escapa a nadie, y los periodistas los saben. Aún más, los empresarios que dirigen un medio de comunicación no solo lo saben, sino que lo explotan. Es por ello que, muchas veces, el criterio de la noticia es, precisamente, ese conflicto (Calleja, 2003), que permite al periodista imaginarse al lector pegado a su noticia, sin poder dejar de leer hasta la última línea.

Los medios de comunicación ponen de manifiesto aquello que nos sobresalta. La monotonía de nuestras rutinas diarias no es interesante, ni para los periodistas, ni para la sociedad. Por ello, se priorizan las rupturas, la disconformidad, la intranquilidad (Luhmann, 2007). Y parece algo lógico, pero ¿dónde está el límite? ¿Qué es éticamente portada-de-daily-news-1928publicable y qué no en la muerte de un niño, por ejemplo? ¿Es libertad de información publicar en la portada de una revista a una mujer en la silla eléctrica? No es una locura, de hecho, esto último lo hizo el New York Daily News en 1928, con una fotografía hecha con cámara oculta, en la que podía verse una mujer condenada a muerte, sentada en la silla eléctrica y con la cabeza tapada, minutos antes de su ejecución. Fuera de las consideraciones legales sobre la obtención de la fotografía, que nos llevarían a un debate distinto y muy extenso, la primera pregunta que viene a la mente es ¿es necesaria? Lo sea o no, lo cierto es que “el reportaje morboso e inquietante siempre vende mejor que la buena noticia”. (Stangeland, P. en Díez Ripollés y Cerezo Domínguez, 2001)

Eso es inevitable y, puesto que las empresas periodísticas son eso, empresas, y por tanto, es difícil que no velen por sus propios intereses económicos, debemos ser los periodistas los que nos ciñamos a la ética todo lo que podamos, aunque en muchas ocasiones, saber dónde está el límite es más difícil de lo que parece. Pero no nos engañemos, si ese tipo de periodismo vende, y vende mucho, es porque tiene un público muy amplio. Y ese público somos cada uno de  nosotros.

Desde que los periodistas contamos sucesos, o quizá desde mucho antes, conflicto y noticia están condenados a ser inseparables.

  • Publicado por:

amelia-pomares

Desde que contamos sucesos: Breve análisis del relato periodístico de la criminalidad – (c) – Amelia Pomares

  • Bibliografía:

 Díez Ripollés, J.L., y Cerezo Domínguez, A.I (eds.), 2001, Los problemas de la investigación empírica en criminología: la situación española. Tirant lo Blanch, Valencia.

Barata, F., 2003, Los mass media y el pensamiento criminológico, en Bergalli, R., (coord.) Sistema penal y problemas sociales, Valencia.

Calleja, José María, 2013, La violencia como noticia, Catarata, Madrid.

Chibnall, S., 1977, Law and order news: An Analysis of Crime Reporting in the British Press. Tavistock, London.

Barata, F. ,2003a, Los mass media y la información criminal: el “caso King” y las perversiones mediáticas, Quaderns del CAC nº 17, pág. 49-55, Recuperado de www.cac.cat/pfw-files/cma/recerca/quaderns_cac/Q17barata.pdf

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