Cuando la Justicia condena a un inocente

¡¡¡ Qué sinrazón, habían condenado a un inocente!!! Así constaba en el fallo de la Sentencia que acababa de recibir por fax.

Después de tantas horas estudiando la causa, preparando el interrogatorio con mi cliente, y de creer firmemente en su inocencia, recibía la demoledora Sentencia de un Juzgado de lo Penal de Barcelona, en el que se condenaba al Sr. X, a la pena de 4 años, 6 meses y un día de prisión por la comisión de un delito de robo con intimidación en las personas y uso de instrumento peligroso.

… El calvario para el Sr. X empezó el día 2 de enero de 2008, llevaba unas cuantas horas en el calabozo de la comisaría de Les Corts de los Mossos d’Esquadra, estaba asustado, temblaba y empezaba a padecer lo que derivó en un ataque de ansiedad, y la noche iba a ser larga.

Insistía en su inocencia, y aunque este suele ser el discurso habitual de algunos detenidos, algo en él me hacía pensar que decía la verdad.

Al día siguiente en el Juzgado de guardia tuve acceso al atestado policial, se trataba de un robo con violencia y con uso de instrumento peligroso ocurrido presuntamente la noche del 1 de enero de 2008, fin de año en una conocida zona de ocio nocturno de Barcelona.

Las denunciantes manifestaban que esa madrugada se encontraban en una discoteca cuando conocieron al Sr. X, bailaron con él y posteriormente en la calle, sobre las 4.30 h, el Sr. X le puso a una de ellas una  navaja en el cuello mientras le arrebataba el bolso.

Después de poner en conocimiento de mi defendido el contenido del atestado, no hacía más que repetir que la noche de fin de año había estado trabajando.

Tras las comprobaciones oportunas pude demostrar que así era, prestaba sus servicios en una empresa municipal de limpieza y había trabajado toda la noche junto con su compañero.

Aportando justificante de la empresa en el que constaban las horas de entrada y salida, pudimos evitar la prisión provisional que solicitaba el Ministerio Fiscal, aunque con obligación apud acta de comparecer ante el Tribunal los días 1 y 15 de cada mes, a pesar de su sólida coartada.

Dos inviernos más tarde, concluía la fase de instrucción, dos largos años para cuatro tristes diligencias de investigación; una rueda de reconocimiento en la que se identificó a mi representado, la ratificación de las declaraciones de las denunciantes y la declaración de nuestro testigo principal, el compañero de trabajo.

A pesar de la consistente declaración del compañero de trabajo y de la documentación de la empresa municipal esta parte presentó escrito solicitando el sobreseimiento libre y el archivo de las actuaciones respecto del Sr. X, siendo desestimada nuestra petición de sobreseer la causa, y declarándose abierto el juicio oral.

3

Fue en un Juzgado de lo Penal de Barcelona, en marzo del año 2011, cuando tuvo lugar la vista, en el mismo instante en que una de las  denunciantes entró en la sala para prestar declaración el Sr. X recordó el episodio vivido con ella unas semanas antes del supuesto robo. Mi cliente y el novio de una de las denunciantes habían tenido una fuerte discusión en una discoteca y el personal de seguridad había terminado por expulsar del recinto al novio y llamando a la policía.

Se cruzaron palabras y miradas en la sala, siendo llamados al orden por Su Señoría, quien parecía ajeno a lo que allí estaba ocurriendo.

Bajo juramente declararon las denunciantes, las cuales se contradecían constantemente entre sí, daban respuestas incongruentes, contestaban con titubeos y evasivas, llegando incluso a simular una especie de desmayo durante la vista.

Ante las preguntas de esta letrada no sabían qué contestar, desviaban la mirada, fingían no recordar bien lo ocurrido al cambiar sus declaraciones y negaron conocer al Sr. X.

Bajo juramento también declaró el compañero de trabajo que recordaba perfectamente aquella noche en la que habían trabajado juntos hasta las 5.30 h.

Cabe decir que dicho compañero era un señor que estaba a punto de jubilarse, llevaba toda su vida trabajando en la misma empresa, y era la segunda vez que compartían turno.

Salimos de juicio con la satisfacción del trabajo bien hecho, con la sensación de haber dejado más que acreditado que mi defendido había estado trabajando toda la noche y que nada tenía que ver con el supuesto robo cometido y habíamos sembrado la duda sobre la existencia de razones de resentimiento, odio y venganza por parte de las denunciantes para acusar a mi cliente.

A pesar de contar con el firme testimonio del compañero de trabajo, de la prueba documental y tras el largo interrogatorio haber conseguido desmontar las versiones de las denunciantes, el Sr. X había sido condenado.

Su Señoría, y lo digo con el debido respeto, parecía no haber estado  presente en la sala, no había entendido nada de nada, era absolutamente imposible estar trabajando toda la noche en un lugar alejado de la zona de ocio, a la vez que haber estado bailando en una discoteca, cometer un delito de robo con intimidación, y volver al lugar de trabajo para fichar la hora de salida.

2

Pero no todo podía salir mal para el Sr. X, interpusimos un recurso de apelación ante la Audiencia Provincial de Barcelona.

Tras analizar minuciosamente la grabación de la vista, escuchando de nuevo las declaraciones, detallando los minutos y segundos en los que las denunciantes se contradecían, y ofreciendo un exhaustivo resumen de los hechos, para facilitar así la deliberación de los Magistrados, se estimó nuestro recurso de apelación y se revocó la Sentencia del Juzgado de lo Penal, absolviendo al Sr. X.

En mis doce años de ejercicio podría contar con los dedos de una mano las veces que la Audiencia Provincial me ha revocado una Sentencia y ha absuelto a quien venía siendo acusado, y esta era una de ellas, se había resuelto el recurso con cordura.

La apreciación probatoria llevada a cabo por el Juez “a quo” se ponía en entredicho, a pesar de haberse practicado la prueba aparentemente según los principios de oralidad, de igualdad entre las partes, de contradicción, inmediación y publicidad (tuvimos como público un grupo de estudiantes de Derecho), el Juez que juzgó al Sr. X no había tenido uno de sus mejores días.

Durante el tiempo que duró la instrucción de la causa el Sr. X perdió su trabajo, ya que la empresa municipal de recogida de basuras no renovó su contrato por la causa que tenía pendiente de juicio, estuvo en tratamiento psicológico y casi le cuesta el divorcio.

Este relato está basado en hechos reales, excepto el nombre del Sr. X por supuesto.

  • Publicado por:

agustina

Cuando la Justicia condena a un inocente – (c) – Agustina Rico

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2 thoughts on “Cuando la Justicia condena a un inocente

  1. criminalfact says:

    Hola Diego, gracias por leernos y por tu comentario,

    El Sr. X perdió el trabajo porque a la empresa no le gustó el hecho de que un trabajador suyo estuviera siendo investigado por la justicia, fue juzgado y condenado por su propia empresa al no renovar su contrato de trabajo.

    La libertad no la llegó a perder porque se pudo evitar la prisión preventiva y su honor si que se vio afectado durante todo el procedimiento, así me lo transmitía cada vez que nos reuníamos.

    En España el Estado no indemniza salvo que haya estado en prisión preventiva y después resulte una sentencia absolutoria y no fue el caso ya que no llegó a entrar en prisión.

    En este caso no había acusación particular, solamente el Ministerio Fiscal que velaba por los intereses de la denunciante y presunta víctima.

    Las sentencias absolutorias lo son por falta de prueba y no porque se considere al encausado inocente.
    Tampoco se tuvo en cuenta que la denunciante mintió y no se iniciaron de oficio acciones contra ella por denuncia falsa.
    El Sr. X tampoco quiso denunciarla, prefirió iniciar una nueva vida con su familia e intentar olvidar todo lo ocurrido.

    Espero haber aclarado tus dudas

    Un saludo

    Agustina Rico

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