Introducción a la delincuencia juvenil

Definición de delincuencia juvenil

El constructo delincuencia juvenil puede generar confusión y llevar a la percepción de que este fenómeno presenta una elevada tasa de prevalencia. Esto se debe a que la mayor parte de la literatura al respecto proviene de la cultura anglosajona por la cual el término “delincuencia” hace referencia a “cualquier comportamiento inicuo–es decir, malvado o injusto-, ilegal o antisocial” (Aebi, 2013: 8). Sin embargo, en los países cuyas lenguas provienen del latín, la palabra delincuencia tiene la misma raíz que el término “delito”, refiriéndose a: “acciones que comportan la transgresión de una norma escrita”.

 Algo similar ocurre con el término “juvenil”. En este caso, la cultura anglosajona utiliza dicho término en el lenguaje jurídico para referirse a los menores de edad, mientras que en lengua castellana el diccionario de la Real Academia Española (RAE) lo delimita como: “edad que se sitúa entre la infancia y la edad adulta” sin precisar numéricamente la escala definida.

 Por tanto, en ocasiones la percepción sobre la delincuencia juvenil puede ser que esta presenta una tasa elevada, pensando automáticamente en que los menores “delinquen” más. Pero en realidad esa tasa une la contabilización de la delincuencia entendida desde el significado de las lenguas latinas con otros comportamientos antisociales, como puede ser colarse en el trasporte público, comportamientos que en ningún caso comportan la ttransgresiónde una ley penal, a pesar de ser comportamientos mal vistos por la sociedad en general. Esto se traduce en presentar o entender como tasa de delincuencia una tasa que se refiere a algo más que la delincuencia propiamente dicha.

 Por último, cabe señalar que, si bien es muy común que los jóvenes lleven a cabo en algún momento de la infancia y/o adolescencia algún tipo de comportamiento antisocial, son muy pocos los que verdaderamente cometen delitos propiamente dichos, y menos aun los que cometen delitos graves. Por este motivo cuando se observan cifras alarmantes de delincuencia juvenil es conveniente saber a qué comportamientos se refieren dichas cifras.

Midiendo la delincuencia juvenil

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La medida de la delincuencia juvenil, como la de la delincuencia en general, puede obtenerse acudiendo a las estadísticas oficiales (así llamadas pues son desarrolladas por las instituciones del Estado) o a través de encuestas de autoinforme y victimización.

Cabe señalar que ningún método proporciona una medida exacta de la delincuencia, ya que cada uno cuenta con sus limitaciones. A continuación se lleva a cabo una explicación de los métodos de medida de la delincuencia juvenil.

Las estadísticas oficiales

Uno de los métodos de obtención de datos de los que se sirve la criminología para llevar a cabo la medición de la delincuencia son las fuentes oficiales, pero estas presentan como inconveniente fundamental el hecho de medir únicamente la delincuencia descubierta (Aebi, 2008: 102), dando paso a lo que se conoce como la «cifra negra» de la delincuencia (delitos que no son descubiertos por las instancias policiales y judiciales).

statistics-810024_960_720Por lo que a delincuencia y justicia juvenil se refiere, en España existen diversas fuentes, como son: el anuario del Ministerio del Interior (AMIR); las memorias de la Fiscalía General del Estado (MFGE); las memorias del Consejo General del Poder judicial (MCGPJ); y la «estadística de menores» que presenta el Instituto Nacional de estadística (INE).

El principal problema con el que cuentan los datos ofrecidos por las fuentes oficiales en España, es que cada una ofrece datos muy diferentes aun tratándose del mismo fenómeno. Así, mientras el AMIR recoge datos de detenciones o denuncias practicadas o presentadas ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, las MFGE ofrecen datos de las diligencias preliminares incoadas, las MCGPJ recogen el total de asuntos ingresados en los juzgados de menores y el INE recoge y sintetiza los datos que le facilita el Registro Central de Sentencias de Responsabilidad Penal de los Menores.

En este sentido, en el año 2012, las MFGE presentaban un total de 84.760 infracciones entre delitos y faltas, el AMIR publicaba que el total de infracciones era de 22.203, y el INE presentaba un total de 25.814 infracciones. Las MCGPJ por su parte presentaba un total de asuntos ingresados en los juzgados de menores y el juzgado central de menores que ascendía a 30.765, con 33.890 asuntos resueltos y 19.890 sentencias (Robles, 2015: 8). El lector se habrá percatado de que todo este baile de cifras conlleva una visión muy diferente de la delincuencia juvenil según la fuente utilizada para recopilar datos sobre la misma.

Las MFGE son las que recogen un mayor número de datos referentes a la delincuencia juvenil. Sin embargo, se debe ser cauteloso a la hora de interpretar dichos datos, ya que en un estudio llevado a cabo por Fernández (2013) con una muestra de 245 diligencias preliminares incoadas en la Fiscalía de Menores de la provincia de Albacete, se demostró que el 52,2 % de las mismas no hacía referencia a un nuevo hecho delictivo cometido por menores, es decir, que los hechos delictivos se reducirían a la mitad. Otro problema que presentan las MFGE hace referencia a la tipología delictiva. En efecto, si el 52,2 % de las diligencias preliminares incoadas no hacen referencia a un nuevo hecho delictivo perpetrado por menores, las cifras de las diferentes tipologías delictivas presentadas no son fiables ni válidas para llevar a cabo una medida de las mismas, más aun teniendo en cuenta el desconocimiento de los diferentes criterios llevados a cabo por las fiscalías territoriales en la producción de datos. En las MFGE por último, no se tienen en cuenta variables sociodemográficas como la edad, el sexo o la nacionalidad.

Por lo que al AMIR se refiere, no es una fuente muy fiable para medir la delincuencia juvenil ya que tan solo recoge datos provenientes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, con lo que aquellas infracciones que son denunciadas ante la Fiscalía de Menores o el propio Juzgado de Guardia no vienen recogidas en él. A pesar de ello, esta fuente ha sido considerada en alguna investigación como la fuente que aporta los datos que más se ajustan a la delincuencia juvenil del país, debido a los problemas de validez que presentan las estadísticas judiciales (Fernández, Bartolomé, Rechea y Megías, 2009). En este sentido, Aebi (2008: 111) señala que las estadísticas policiales son más válidas que las judiciales, ya que cuanto más se avanza en el proceso penal y más se aleja de la infracción que lo originó, más disminuye el valor de las estadísticas oficiales. Sin embargo, las estadísticas judiciales gozan de una mayor fiabilidad ya que, una vez condenado el sujeto, la calificación jurídica del delito se realiza de forma precisa.

Según Montero (2012), la «estadística de menores» del INE es la fuente más completa, pues esta recoge datos de índole sociodemográfico (sexo, edad o nacionalidad del infractor) así como de carácter criminológico (tipología de la infracción, medidas impuestas o lugar de condena.

Por último, las MCGPJ representan la fuente oficial que menos puede aportar a los estudios sobre la delincuencia juvenil ya que únicamente presenta los asuntos ingresados y resueltos.

Encuestas de delincuencia autorrevelada

Las encuestas de delincuencia autorrevelada (o de autoinforme) son otra herramienta utilizada como indicador de la delincuencia.

La utilización de esta herramienta supone suministrar a una muestra de sujetos un cuestionario en el que se pide a los participantes que respondan si han cometido o no una serie de comportamientos delictivos y antisociales. Este tipo de cuestionarios incluyen además un conjunto de preguntas sociodemográficas y sobre algunos factores de riesgo y de protección.

La finalidad de la encuesta de autoinforme, por tanto, no es solo la de medir la delincuencia, si no de tratar también de explicarla (Aebi, 2013: 14).

El origen de la técnica se remonta a los años cuarenta, en los que a Porterfield (1946; citado en Rechea, 2008) se le ocurrió preguntar a un grupo de jóvenes convictos y a un grupo de estudiantes si habían llevado a cabo alguna conducta entre 55 conductas antisociales images
diferentes. Los resultados mostraron que las conductas llevadas a cabo por los dos grupos eran similares.

Las encuestas de delincuencia autorrevelada han mostrado una gran validez en investigaciones llevadas a cabo con muestras de jóvenes, pero no así cuando se han realizado con adultos, especialmente si estos han tenido contacto con la policía. Como excepción cabe señalar a adultos que se encuentran en prisión o toxicómanos, grupos ambos en los que también han resultado válidas.

A pesar de ello las encuestas de autoinforme también cuentan con una serie de limitaciones a la hora de medir la delincuencia juvenil. A continuación describimos estas limitaciones:

  • Existe, aunque cada vez menos, una confusión entre los conceptos de prevalencia e incidencia, no sabiendo en ocasiones que se está realmente midiendo. El hecho de no establecer con claridad los periodos de referencia puede agravar la confusión. Pero como decimos esta confusión es cada vez menor, y esta limitación ha sido en parte subsanada con la inclusión de preguntas que tratan de medir la prevalencia vida y otras para medir la prevalencia 12 meses. Así, preguntas del tipo «¿alguna vez has golpeado a alguien?» servirán para medir la prevalencia vida i una segunda pregunta como: «¿los has hecho en los últimos 12 meses?», servirán para medir la prevalencia 12 meses. Si se añade una tercera pregunta que diga: «en caso afirmativo, ¿cuántas veces en los últimos 12 meses?», se obtendrá la incidencia de la conducta en un periodo de referencia que será igual para todos los encuestados.
  • Otro problema al que se enfrentan las encuestas de delincuencia autorrevelada es la confusión temporal. Esta consiste en que el individuo cree haber llevado a cabo la conducta en el periodo de referencia cuando en realidad no ha sido así.
  • El método utilizado para suministrar el cuestionario puede ser un inconveniente, por ejemplo si se lleva a cabo por escrito y participan personas analfabetas o iletradas.
  • La forma de formular las preguntas es fundamental, ya que si estas son ambiguas probablemente las personas revelaran comportamientos que en realidad no han llevado a cabo o viceversa. De igual manera, si se trata de banalizar un comportamiento grave para, de este modo, no ser muy agresivo en la pregunta, es probable que algunos sujetos contesten de manera afirmativa a una conducta que no es la que se busca.
  • Por otro lado cabe señalar que en la vida cotidiana muchas de las situaciones que viven los sujetos son de por si ambiguas, por lo que un comportamiento puede ser interpretado de manera diferente por dos personas diferentes, lo que nos lleva a perder fiabilidad en los datos obtenidos.
  • Por último, es importante señalar que en la mayoría de investigaciones se construyen escalas en las que se combinan determinados comportamientos. Dado que en las encuestas de delincuencia autorrevelada se suelen incluir comportamientos antisociales que no constituyen la comisión de un hecho delictivo, se debe ser cuidadoso a la hora de interpretar los datos pues de lo contrario estaremos explicando unas cifras que no se corresponden con la realidad delictiva entendida como ttransgresiónde la ley penal.

Por lo que al uso de esta metodología en nuestro país se refiere, cabe señalar que en la actualidad en Europa se realiza el International Self-Report Delinquency Study (ISRD), en el que España ha participado en sus tres ediciones a través del Centro de Investigación en Criminología de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Encuestas de victimización

En este caso, el cuestionario suministrado a la muestra de estudio contiene preguntas en las que se solicita a los participantes que respondan si han sufrido alguno de los comportamientos delictivos o antisociales, es decir, si han sido víctimas.

Esta metodología comparte alguna de las limitaciones ya citadas en las encuestas de delincuencia autorrevelada. Así, la redacción de las preguntas, la confusión temporal o el método de suministro del cuestionario, son problemas comunes. Además, el hecho de pedir a la propia víctima que realice una calificación jurídica del delito puede influir en la fiabilidad de la encuesta. Por último cabe señalar que este indicador no ofrece una visión de la delincuencia en general, si no de aquella en la que hay una persona como víctima, por lo que seguimos encontrando el problema de la cifra negra de la delincuencia (Aebi, 2008: 121).

Publicado por:

ivan

Introducción a la delincuencia juvenil – (c) – Iván Robles Santos

 

Bibliografía:

Aebi, M. F. (2008). Temas de Criminología. Madrid: Dykinson.

Aebi, M. F. (2013). Delincuencia Juvenil. Barcelona: UOC.

Fernández, E., Bartolomé, R., Rechea, M. C., y Megías, Á. (2009). Evolución y tendencias de la delincuencia juvenil en España. Revista Española de Investigación Criminológica, 7 (8). Recuperado de http://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3103317.pdf

Fernández, E. (2013). Datos oficiales de la delincuencia juvenil: valorando el resultado del proceso de producción de datos de la Fiscalía de menores. InDret, (2). Recuperado de: http://www.raco.cat/index.php/InDret/article/download/264218/351871

Montero, T. (2012). La justicia juvenil en España en datos. Revista de Derecho Penal y Criminología, 3 (8), 537-558. Recuperado de: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4070888&orden=369396&info=link

Rechea, C. (2008). Conductas antisociales y delictivas de los jóvenes de España. Informe para el Consejo del Poder Judicial. Recuperado de: http://www.uclm.es/centro/criminologia/pdf/informes/16_2008.pdf

Robles, I. (2015). Delincuencia y justicia juvenil en España. Estado actual según las fuentes oficiales. Revista Pensamiento Penal. Recuperado de: http://www.pensamientopenal.com.ar/system/files/2015/11/doctrina42427.pdf

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