Introducción a la Psicología Forense

El hecho de relacionar psicología y derecho está cada vez más a la orden del día. Estas dos disciplinas comparten el mismo objeto de estudio: la conducta humana, aunque sus objetivos son diferentes: mientras que el derecho se encarga de regular la conducta humana, el psicólogo se encarga de su explicación.

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En esta unión de disciplinas debemos diferenciar:

  • Psicología Legal: se refiere al uso de la psicología para el desarrollo de la normativa utilizada en el derecho. En este caso, se utiliza la psicología como ciencia auxiliar para diseñar el sistema legislativo que abarca normas y procedimientos reglados diseñados para gobernar, regular y controlar la conducta.
  • Psicología Judicial: se refiere a los procesos psicológicos/mentales que realiza el Juez en el momento de interpretar la norma y aplicarla, valorando la voluntad y conducta humanas (se ponen de manifiesto mecanismos psicológicos, heurísticos inductivos, deductivos, atribucionales y decisorios, teorías implícitas, estereotipos, expectativas, inferencias…). Teniendo en cuenta esto, busca asesorar a los letrados de las partes así como al fiscal tanto en el planteamiento de estrategias durante el pleito como en la elocuencia de sus alegatos durante la vista oral, así como orientar en la valoración de la prueba y toma de decisiones plasmadas en la sentencia o en el veredicto.
  • Psicología Forense: aquí es donde concretamente nos moveremos.

La psicología forense, de forma amplia, es descrita sencillamente como cualquier intersección entre el sistema legal y la psicología científica (Wrightman, 2001) aunque de forma más concreta también se ha definido como el ejercicio de la psicología en contextos judiciales (Melton, Huss y Tomkins, 1999). La Sociedad Americana de Psicología y Ley, división 41 de la American Psychological Association (APA), se refiere al psicólogo forense como aquel profesional que desempeña la psicología en diversas áreas (psicología clínica, counseling, neuropsicología, psicología educativa) y que habitualmente es un experto que informa ante el sistema judicial; así, como el Colegio Oficial de Psicólogos español (COP) establece el perfil general de esta profesión (Perfiles del psicólogo, 1988) como área del trabajo e investigación psicológica especializada cuyo objeto es el estudio del comportamiento de los actores jurídicos en el ámbito del derecho, la ley y la justicia, señalando además que esta especialización está reconocida por asociaciones y organizaciones de nivel nacional e internacional de psicología jurídica y/o forense.

En el mismo sentido, la resolución de 10 de junio de 1991 indica que el psicólogo forense es el trabajador que, con un título universitario superior en psicología o especialidad en esta materia, bajo la dependencia funcional del órgano al que está adscrito, desempeña funciones de asesoramiento técnico en los Tribunales, Juzgados, Fiscalías y órganos técnicos en materia de su disciplina profesional. Su actuación se refiere a la exploración, evaluación y diagnóstico de las relaciones y pautas de interacción, aspectos de la personalidad, inteligencia, aptitudes, actitudes y otros aspectos de esta especialidad de las personas implicadas en los procesos judiciales de quien se solicite correspondiente informe psicológico por los respectivos responsables de los órganos citados, así como la colaboración con los restantes miembros de los equipos técnicos para el desarrollo de las citadas funciones.

Como vemos en función de todas estas descripciones, en definitiva el psicólogo forense es un experto en psicología que realiza una labor de aclaración y ayuda al Juez que se lo pida, en función de las necesidades del caso que se esté llevando a cabo. Dependiendo de éste, podremos realizar diferentes funciones, las cuales señalaremos con más ahínco en posteriores artículos. En términos generales, la Academia Americana de Psicología Forense (American Academy of Forensic Psychology, AAFP) entiende que podemos realizar:

  • La evaluación psicológica de la persona y su testimonio en asuntos criminales: capacidad procesal, responsabilidad criminal, violencia doméstica, drogodependencias y anomalías sexuales.
  • La evaluación en asuntos civiles: daños corporales, custodia de menores, discriminación de empleo, incapacitación y tutela, negligencia profesional.
  • Evaluación y tratamiento de individuos con un alto riesgo de comportamiento agresivo en la comunidad, lugar de trabajo, centros de tratamiento e instalaciones penitenciarias.
  • La evaluación e investigación psicológicas de asuntos que afecten al proceso legal, tal como el testimonio del testigo presencial, la selección del jurado, testimonio de los niños, etc.
  • Servicio especializado del tratamiento a los individuos implicados con el sistema legislativo.
  • Mediación en conflictos.
  • La enseñanza, el entrenamiento y la supervisión de estudiantes graduados.
  • (se irán descubriendo más implicaciones prácticas en el blog más adelante, estad atentos).

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EL ORIGEN

En este creciente desarrollo de las relaciones entre Psicología y Derecho podemos distinguir cuatro etapas, tal y como refieren Fariña, Arce y Seijo (2005):

– Desde comienzo de siglo XX hasta la década de los años 30: temáticamente orientada hacia fenómenos de testificación; donde destacan los trabajos pioneros de Stern, Binet y Münsterberg sobre los procesos psicológicos del testimonio.

– De 1930 a 1950: se ha considerado la época menos fructífera por parte de la psicología jurídica, aunque el entorno legal sí continuó contribuyendo a la literatura sobre el tema. Garzón (1990) considera que el descenso de las contribuciones de los psicólogos pudo estar motivado por la diversificación de la psicología en nuevos campos de trabajo, así como por la etapa de reflexión interna que vivía la misma psicología.

– 1950 a 1970: los tribunales comienzan a acusar la necesidad de utilizar psicólogos cualificados como testigos expertos sobre cuestiones criminales en las que se debe establecer la responsabilidad del sujeto.

– A partir de la década de los 70: puede contemplarse el “boom” de la Psicología Jurídica notándose un notable incremento en el número de publicaciones sobre la materia. La Psicología Forense cobra entonces un gran impulso que se ha mantenido ascendente. En 1981 la American Psychological Association creó la ya mencionada División 41. Asimismo, se constituyen asociaciones como: The Association of Psychology and Law (1991) o la International Association of Forensic Mental Healt Service (2001).

Si nos centramos en España, el primer elemento histórico destacable se sitúa en 1932 cuando Emilio Mira y López publica el Manual de Psicología Jurídica donde apuntó temas como: la psicología del delito, psicología del testimonio o el concepto psicológico y la valoración jurídica de la debilidad mental. El manual, dirigido a los juristas, tenía como objetivo manifiesto ofrecerles la información y conocimientos que la psicología les podía ofrecer para hacer más efectiva su tarea.

Tras un silencio prácticamente absoluto que se prolonga hasta la década de los años 70, tal y como señala Munné (1986), El Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona, crea en 1971 la Sección de Psicología y Sociología Jurídicas, en 1974 el Anuario de Sociología y Psicología Jurídicas, y en 1975 el Instituto del mismo nombre. En 1980, se publica Introducción a la psicología jurídica, en la que Ramón Bayés, Luis Muñoz-Sabaté y Federico Munné realizan una recopilación de trabajos aparecidos en años anteriores.

Otro elemento clave para el desarrollo de esta disciplina en nuestro país, es el derivado del ámbito de la psicología penitenciaria ya que en los años setenta los psicólogos empezaron a trabajar dentro del ámbito carcelario, siendo los primeros que promovieron el interés tanto en las universidades como en otras instituciones sobre la labor de estos profesionales en el ámbito judicial.

Ya en la década de los ochenta el Colegio Oficial de Psicólogos, desde sus diferentes sedes, sirve también como potenciador y difusor de esta disciplina. En este sentido cabe destacar los esfuerzos de la Delegación de Madrid que en 1985 promovió el estudio para la elaboración de un Catálogo de Documentos en Psicología Jurídica, cuya primera edición ve la luz en enero de 1986. Asimismo, esta Delegación propulsó la creación de la Sección de Psicología Jurídica en 1987, propiciándose de esta forma tanto la difusión de esta rama de la Psicología como la formación para los profesionales.

Emilio Mira y López y su obra Manual de Psicología Jurídica (1932)

LA PRUEBA PERICIAL

Según el diccionario de la Real Academia Española, podemos definir la palabra Prueba como “razón, argumento, instrumento u otro medio con el que se pretende mostrar y hacer patente la verdad o falsedad de algo”. Podríamos decir en este caso que es la justificación de la verdad de los hechos controvertidos en un juicio.

Entre los medios de prueba que admite la Ley, podemos encontrar el llamado Dictamen de peritos, lo que viene a ser la prueba pericial, pericia, peritaje o peritación. Es una declaración de conocimiento que emite una persona técnica o práctica sobre los hechos de autos, cuando para las probanzas son necesarios o convenientes conocimientos científicos, artísticos o prácticos. La misión de la persona que realiza esta prueba pericial (el perito) es ilustrar, asesorar, aportar conocimientos al Juez o Tribunal, para poder auxiliarle a la hora de realizar el fallo. Hay que tener en cuenta que las conclusiones de esta prueba pericial no son nunca vinculantes para el Juez, de modo que éste puede prescindir de sus conclusiones de forma razonada, así como también puede solicitar información por parte de otros peritos para ilustrarse con más garantías. Toda la información que reciba la encuadrará junto con los otros elementos probatorios para llegar a las conclusiones que crea pertinentes. Sin embargo, si se da el caso, el Juez deberá expresar en la sentencia los motivos por los que rechaza el informe pericial o los motivos por lo que estima preferentemente otras pruebas en lugar de dicho informe (STS de 9 de Noviembre de 1979).

informepericial

Durante el periodo probatorio, es el Juez quien decide si resulta procedente la realización o no de la prueba pericial (o de otras pruebas). Ya en algunos casos esta prueba resulta de obligatoriedad por Ley (por ejemplo, en casos de capacitaciones). En otros casos, es la parte a quien le interese este tipo de prueba quien propondrán con claridad y precisión el objeto sobre el cual deba caer el reconocimiento pericial, manifestando posteriormente el Juez, clara y determinantemente a los peritos, el objeto de su informe.

Nadie puede negarse a intervenir como perito, si la Justicia reclama su ayuda en legal forma (Art. 462 LECrim.), a excepción de encontrarse inmerso en una de las causas de recusación previstas por Ley, o que estuviese legítimamente impedido. Posteriormente, el perito debe aceptar su cargo ante el Juez y jurar o prometer desempeñarlo fielmente (asegurando veracidad y objetividad) en el plazo que el Juez estime oportuno según la finalidad del examen y las circunstancias del caso.

El peritaje resultante de este proceso, debe formularse por escrito, acompañado de los documentos, instrumentos o materiales adecuados, siempre que sea posible. Se adjuntará a la demanda o contrademanda antes de la comparecencia o durante la audiencia para la práctica de la prueba, pero el momento estelar del proceso es la fase del juicio oral, donde el perito es llamado para hacer las aclaraciones o explicaciones que sean oportunas. El Dictamen de Peritos en la Ley de Enjuiciamiento Civil 1/2000 de 7 de Enero, parcialmente modificada por Ley 13/2009, en su artículo 347, recoge la actuación concreta de los peritos llamados a juicio, especificando las peticiones concretas de las partes. Entre la actuación que realizaremos están:

  • La exposición completa del dictamen pericial,
  • Explicación del dictamen o de alguno de sus puntos,
  • Respuesta a preguntas y objeciones, sobre métodos, premisas, conclusiones y otros aspectos del dictamen,
  • Respuestas a solicitudes de ampliación del dictamen a otros puntos conexos,
  • Crítica del dictamen de que se trate por el perito de la parte contraria,
  • Formulación de las tachas que pudieran afectar al perito.

Como podemos observar, la Psicología Forense, en palabras de J. Urra (1993) es la ciencia que enseña la aplicación de todas las ramas y saberes de la Psicología ante las preguntas de la Justicia, y coopera en todo momento con la Administración de Justicia, actuando en el foro (tribunal), mejorando el ejercicio del Derecho. Es de vital importancia, entonces, que nuestras acciones en éste ámbito sean serias, científicas, y no se basen en divagaciones filosóficas sobre los hechos o la conducta humana, puesto que le estamos siendo de ayuda a una persona que va a decidir unas consecuencias legales en función de unos hechos acaecidos. Debemos tener cuidado ya que podemos revictimizar sin querer hacerlo, incluso podemos dejar que los “malos” se vallan con las manos vacías porque no nos hemos fijado en algún detalle. Éste es un trabajo serio, disciplinado y científico, en el cual se nos está reconociendo nuestra valor poco a poco debido a que se está viendo que nosotros, profesionales, somos gran utilidad en las Administraciones de Justicia.

Publicado por:

silviapatricia

Introducción a la Psicología Forense – (c) – Sílvia P. Aguilar

Bibliografía:

  • Arch, M. y Jarne, A. (2009). Introducción a la Psicología Forense. En Arch, M. y Carne, A. Documentos de trabajo para los estudiantes de psicopatología forense. (pp.2-11). Universidad de Barcelona.
  • Esbec, E (2010). Introducción a la Psicología Forense. En Graña, J.L, Peña, E. y Andreu, J.M (Dir.) Manual de Psicología Clínica, Legal y Forense. (pp. 47-91). Madrid: Publicarya.
  • Fariña, F., Arce, R., y Seijo, D. (2005). Historia de la psicología jurídica en América y Europa. En Arce, R. Fariña, F. & Novo, M. (Eds.), Psicología jurídica. Psicología y Ley, 2. Xunta de Galicia.
  • López-Muñiz, M. (1995). La prueba pericial. Guía práctica y jurisprudencia. Madrid: Colex.
  • Melton, G.B; Huss, M.T; Tomkins, A.J. (1999) Training in forensic psychology and the law. In A.K. Hess & I.B. Weiner (Eds.), Handbook of forensic psychology (2nd, pp.700-720). New York: Wiley
  • Munné, F. (1986): Psicología jurídica: Algunas reflexiones en torno a una interdisciplina en despegue. Anuario de Psicología y Sociología Jurídica, 12, 77-98.
  • Real Academia Española. (2001). Diccionario de la lengua española (22ª ed.). Consultado en http://www.rae.es./rae.html
  • Urra, J. (1993). Confluencia entre psicología y derecho. En J. Urra y B. Vazquez (Comps.) Manual de Psicología Forense. Madrid: Siglo XXI
  • Wrightsman, L.S. (2001). Forensic Psychology. Belmont, CA: Wadsworth
  • WEB DE INTERES:
  • Web de Emilio Mira i Lopez con noticias, bibliografía del autor, fotos, etc. http://www.miraylopez.com/
  • Web de Cornell University Library donde aparecen las digitalizaciones de libros originales muy antiguos relacionados con diferente temática. Este link concretamente lleva a los libros que contienen la palabra “criminal”: https://archive.org/details/cornell?and%5B%5D=subject%3A%22criminals%22&sort=-date
  • Vídeo de 6:39 min sobre Psicología Forense en Youtube. La legislación y los medios de actuación no son del todo iguales en América Latina y en España, pero este vídeo creo que puede ser una buena introducción para muchos de los que piensan como las primeras personas que aparecen en el vídeo, creyendo, en términos generales, que el Psicólogo Forense es aquel que realiza “psicología a los muertos”: https://www.youtube.com/watch?v=_p6_ugC7kK0
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