Introducción a la Criminología – 3º parte

  1. Las corrientes de la Criminología Crítica y la Crisis del Estado del Bienestar hasta la actualidad.

En el artículo anterior vimos como la influencia del paradigma etiológico, propuesto por el Positivismo, influyó en el surgimiento de nuevas líneas de estudio del delito a finales del siglo XIX y principios del XX, en ambos lados del Atlántico. A su vez, también surgieron análisis críticos en los años treinta que influyeron en gran manera a los nuevos paradigmas que surgieron después.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la segunda mitad del siglo XX, fue un tiempo de ruptura en cuanto a paradigmas. Es la época de la lucha por los derechos civiles, derechos de la mujer, los movimientos estudiantiles y las reacciones contra la Guerra de Vietnam.

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En el campo criminológico se empezó a cuestionar qué se estudiaba y para qué. El enfoque pasó de estudiar el delito al control del delito con la criminología crítica.

El punto de inflexión fue con el Interaccionismo simbólico, ya que dio pie a un nuevo paradigma que establecía que nada es algo si no hay alguien que tenga poder para definirlo. Naciendo, de este modo, la definición que ponía en duda el paradigma etiológico; es decir, nada es delito si no hay una ley o norma jurídica que lo defina, por lo que sin ley no hay delito. Respecto de objetos definidos por normas o por valoraciones sociales, no puede hacerse una investigación etiológica, si no que antes debe realizarse una búsqueda de las valoraciones que condicionan la definición de dichos objetos.

El objeto de estudio de esta nueva criminología es el Sistema Penal y entiende que se desdobla en:

  • Estático: estudia el mecanismo de producción de las leyes.
  • Dinámico: estudia como las normas se aplican en la sociedad.

Este nuevo enfoque dio paso a nuevas propuestas criminológicas. La primera a la que haremos referencia es al Abolicionismo. Esta nueva propuesta, surgida en los países escandinavos, sostiene que el Sistema Penal es parte del problema de la delincuencia y hay que devolver el protagonismo a los actores. Las normas penales no cumplen con las funciones para las que han sido creadas, hablan de responsabilidad individual en vez de colectiva y el Sistema Penal opera creyendo que las sociedades se forman de acuerdo al consenso. Sólo reprime y el lenguaje bélico que usa ha de ser abolido. La prisión priva de otros derechos a parte de la libertad, estigmatiza al delincuente, olvida a las víctimas añadiendo dolor al sufrimiento por el delito y es la forma más cara de hacer peores a los penados.

De estos presupuestos surge un programa llamado Penal Settlement o Pacto Penal, donde se le pregunta a la víctima si tiene inconveniente o no de que siga el infractor en libertad o que vaya a la cárcel y si está en predisposición de iniciar un proceso cara a cara para enfrentar el conflicto. Si la víctima se negara a iniciar un proceso de mediación, el juez empezará a trabajar con un equipo técnico multidisciplinar. El juez deja de ser un juez penal para convertirse en un árbitro que buscará el acercamiento de las dos partes.

Éste proceso está presidido por el interés superior de la víctima pues en la negociación se intenta pactar un acuerdo que tienda hacia el interés superior en pro de la satisfacción de la víctima. Al infractor se le dará un trabajo público remunerado y se le embarga el salario, hasta que resarza a la víctima. Si se logra hacer, se firma un contrato penal y se entiende que ha sido un proceso de mediación con éxito y el proceso penal se sobresee y es sustituido por un proceso civil para regular que el contrato se cumple. Si el infractor incumple, el contrato se rescinde y sustituye por otro; y, si se reitera la vulneración, el proceso penal vuelve a activarse.

El Abolicionismo demostró que no se podía renunciar al sistema penal, pero solo ante el fracaso de algo menos dañino que el propio sistema penal y hace que el gran problema del papeleo sea reducido y que el número de reclusos no sea alto. También logró que se tuviera en cuenta a la víctima.

Otra propuesta de la criminología crítica fue el surgimiento de  los Realismos Criminológicos. Surgidos del contexto contracultural británico de los años sesenta, nace de la idea que el delito era un conflicto entre clases sociales ya que el delincuente callejero delinquía para mostrar una actitud de rebelión contra el orden instituido. Así, surgió un movimiento abolicionista, como en la península escandinava, y en plena época de gobierno Laborista que invertía en políticas sociales para disminuir el delito. Pero estos programas saltaron en pedazos con la crisis del petróleo de 1973 y la implantación de medidas económicas impopulares y auparon  a la derecha al poder.

Así surge el Right Realism o  Realismo de Derechas con la llegada de Margaret Thatcher al poder. La palabra realismo fue utilizada por los criminólogos de ésta corriente como reacción al idealismo, partiendo de premisas muy claras y atándolas al sentido común. Empezaron a usar medidas excepcionales para luchar contra problemas emergentes como el terrorismo del IRA (Irish Republican Army) y declararon la guerra al delito, las drogas y la inmigración irregular con el uso del sistema penal como arma mediante la criminalización de nuevas conductas tipificadas.

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Tuvieron la iniciativa de proponer una nueva finalidad de la pena como la incapacitación y la no finalidad resocializadora de ésta. Fue el paso de una prevención general positiva a una negativa. Todas estas medidas se crearon con el objetivo de acabar con el terrorismo y de reducir la criminalidad, pero no funcionó y provocó su derrota.

Con la vuelta al poder de los Laboristas, la idea de que el delito era un conflicto entre clases sociales fue desterrado del ideario de izquierdas y surgió el Left Realism o Realismo de Izquierdas, señalando que detrás del delito hay una base material que no puede ser negada. El delito es también intraclases y tratan de construir una criminología que tienda a la protección de la gente de barrios humildes que tiene miedo al delito. Invierten en una política criminal de carácter social, invirtiendo en mejorar la calidad de vida en vez de aumentar el número de efectivos policiales.

En el sur de Europa, la traducción de la criminología crítica fue el Garantismo Penal. Es la respuesta para la construcción de un sistema penal del Estado Social y democrático del derecho. Defendían el papel fundamental de la Ilustración en el surgimiento del derecho penal frente a la arbitrariedad del absolutismo y por dotar de herramientas a los ciudadanos ante ello, aunque admiten que ha habido una inflación punitiva hacia un derecho penal máximo y plantean reducir el derecho penal mediante la despenalización de acciones sin sentido, como delitos sin víctima, y recriminalizando bienes jurídicos sin proteger como la salud o el medio ambiente. Nació con el ánimo de crear un derecho penal para gobernar la vida social y defender los derechos fundamentales.

Estas teorías se desarrollaron y se aplicaron en los tiempos convulsos de las últimas décadas del siglo XX, que coinciden con una crisis del Estado Social que se había impuesto en los países occidentales tras la Segunda Guerra Mundial. A ello ayudó la aparición del fenómeno terrorista en la década de los setenta y comienza a aparecer una corriente en contra de todo el derecho internacional de los Derechos Humanos y del constitucionalismo social mediante la proliferación de leyes excepcionales para combatir este fenómeno. Vuelve a surgir la idea del Derecho Penal del Enemigo, acuñada por Gunter Jackobs. Esto conlleva a una serie de reformas sustanciales en materia penal mediante un aumento de penas y la ilegalización de partidos políticos y medios de comunicación cercanos a las ideas de éstos grupos. También influyó en los derechos procesales como permitir la incomunicación de los detenidos, ampliar los días de detención policial o prohibir la libre asignación de abogado entre otros.

En conclusión, a partir de la Segunda Guerra Mundial se establece el Estado de Bienestar en los países occidentales, lo que provoca el surgimiento de pensamientos críticos a principios de la segunda mitad del siglo XX. Así mismo, nacen paradigmas que cuestionan la visión epistemológica del delito y van a cambiar el enfoque hacia el estudio del control del delito. Florecen nuevas ideas como el Interaccionismo simbólico, que estudia los procesos de etiquetamiento de las conductas en delito; el Abolicionismo, proponiendo un sistema penal basado en la formulación de acuerdos para reestablecer el daño cometido por el delito y resarcir a la víctima; los Realismos de ambos colores políticos, que huyen de las ideas y se basan en estudios de campo y el sentido común para actuar frente al delito; y por último el Garantismo Penal, como instrumento regulador de la paz social en un Estado Social y Democrático del Derecho mediante la implantación de un derecho penal mínimo para proteger los derechos fundamentales.

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Estos paradigmas se enfrentan a la nueva realidad dejada tras la grave crisis del petróleo de 1973 y el surgimiento de grupos terroristas, que provoca el descalabro del Estado de Bienestar mediante la proliferación de leyes excepcionales para luchar contra estos nuevos fenómenos y la consecuente vulneración de ciertos principios y derechos fundamentales que a día de hoy sigue en alza.

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Introducción a la Criminología – 3º parte –
(c) – Javier Andrés Caballero

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